Para barrer el pacto…

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Para barrer el pacto…





Los candidatos presidenciales disidentes del PLC y el FSLN, Eduardo Montealegre y Herty Lewites, se han comprometido públicamente a que cualquiera de ellos que gane las próximas elecciones presidenciales, barrerá el pacto libero-sandinista y revertirá sus desastrosas consecuencias.

Los dos candidatos presidenciales que según las encuestas tienen las mejores posibilidades de ganar la justa del 2006, se comprometieron también a que sus bancadas actuarán en la Asamblea Nacional de común acuerdo, en pos del objetivo de desmantelar el pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán.

El presidente Enrique Bolaños quiso revertir las desastrosas secuelas del pacto libero-sandinista —sobre todo en la administración de justicia, que fue subordinada a las conveniencias de los dos partidos pactistas, el FSLN y el PLC y, peor aún, a los intereses personales de los dos caudillos— pero fracasó en su esfuerzo porque careció de la fuerza institucional necesaria para lograr tan grande objetivo.

En realidad, el pacto copó y pervirtió no sólo a la Asamblea Nacional sino también a la Corte Suprema de Justicia, al Consejo Supremo Electoral, a la Contraloría General de la República y a la Fiscalía General de la República, todas las cuales se volvieron en contra del Presidente de la República. Y si no lo han destituido, es por el respaldo que éste tiene en la sociedad civil, aunque no sea por él mismo sino porque la gente comprende la necesidad de preservar la institucionalidad democrática de la nación. Y sobre todo, los pactistas no han derrocado al Presidente de la República por la neutralidad de las fuerzas armadas y por el consistente apoyo que ha recibido de la comunidad democrática internacional.

De manera que está muy claro que para poder desmantelar el pacto las fuerzas democráticas no sólo tendrán que ganar la elección presidencial del próximo año, sino también conseguir una sólida mayoría en la Asamblea Nacional que permita convocar a una constituyente (dos tercios de los diputados), o al menos para producir una sustantiva reforma parcial de la Constitución, lo que requiere un mínimo del 60 por ciento de los votos legislativos.

O sea que los candidatos democráticos y las alianzas políticas que los respaldan, desde ahora deben explicarle a la ciudadanía la importancia de ganar también la elección parlamentaria, y por abrumadora mayoría porque de nada serviría que Montealegre o Lewites llegaran a la Presidencia de la República, si la Asamblea Nacional siguiera dominada por la mayoría pactista y corrupta que ahora la controla.

Por otro lado, el hecho de que todas las encuestas demuestran en forma consistente que Lewites o Montealegre ganarían la próxima elección presidencial, cuyos más cercanos perseguidores están bastante abajo de la preferencia popular, no significa que cualquiera de ellos ya tiene asegurada la victoria electoral y la silla presidencial.

Esa misma enorme ventaja que Lewites y Montealegre demuestran en las encuestas, podría ser también el motivo para que los pactistas, dueños de la Contraloría, de la Fiscalía, de los tribunales de justicia y del órgano electoral , se las ingenien para inhabilitarlos “legalmente” e impedir que participen en las elecciones del 2006, para lo cual inclusive ya han adelantado acusaciones judiciales contra ellos que están a la espera de la seña de los caudillos.

Inclusive atentados contra su integridad física y su vida podrían sufrir los candidatos presidenciales anti-pacto, a fin de impedirles que participen en las elecciones y que las ganen, como es seguro que las ganarían. O sea que la primera gran batalla que deben librar —y ganar— Montealegre y Lewites, es la de los obstáculos que les interpongan en su camino los pactistas, los cuales han demostrado que nada los detiene en su obsesiva pretensión de adueñarse del país e imponerle a la población una nueva dictadura, ahora bicéfala y bipartidista. Y además, ésta es una batalla que sólo se puede ganar con demostraciones masivas y efectivas de respaldo popular, sin miedo a las amenazas, las acciones y las agresiones de las turbas de los pactistas.

El pueblo democrático de Nicaragua conquistó la democracia en la epopeya electoral de 1990. Ahora, 15 años después, la historia lo está convocando a una nueva batalla épica. Esta vez para que no le arrebaten la democracia y que no le vuelvan a imponer una dictadura, peor que las anteriores porque sería la combinación del somocismo con el sandinismo.

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