El desafío de la OEA

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El desafío de la OEA





La OEA tiene en Nicaragua una gran oportunidad para demostrar que es capaz de ayudar efectivamente a resolver problemas de los países que pertenecen a ella, y que son de su incumbencia . Y en todo caso, tiene el chance de demostrar que puede prevenir situaciones que de otra manera tendrían irreparables consecuencias, ayudando a impedir que los golpistas libero-sandinistas amalgamados en el pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán, cumplan su propósito de derrocar “legalmente” al gobierno legítimamente constituido del presidente Enrique Bolaños.

Daniel Ortega y la cúpula del PLC que le hace el juego, están ensoberbecidos por el respaldo absoluto e incondicional que tienen de Fidel Castro y Hugo Chávez. Por ese ensoberbecimiento, Ortega y el PLC menosprecian los llamados a la cordura y la responsabilidad que les está haciendo la OEA y se empecinan en seguir hacia adelante con su estrategia golpista contra el gobierno constitucional de la República, y contra la democracia.

“Nosotros le llamaríamos la atención a la OEA acerca de este tipo de planteamiento que hace, que no está balanceado y donde lógicamente están las manos siempre sucias de Estados Unidos”, declaró Daniel Ortega el viernes recién pasado, refiriéndose al comunicado que el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, dio a conocer ese mismo día después que, al desaforar la Asamblea Nacional a dos ministros del gobierno del presidente Bolaños y dejar pendiente para esta semana el desafuero de otros, los pactistas libero-sandinistas demostraron que están dispuestos a concretar y completar su conspiración pactista.

Además, Daniel Ortega desestima el rol del organismo hemisférico que dirige el chileno José Miguel Insulza, porque según el líder del Frente Sandinista “dentro de la OEA se va conformando con mayor fuerza un bloque latinoamericano que busca cómo tener una independencia de la política del Gobierno norteamericano”, refiriéndose obviamente al bloque izquierdista, autoritario y antiestadounidense que están tratando de amalgamar Fidel Castro, de Cuba y Hugo Chávez, de Venezuela.

Pero Insulsa no es ni podría ser un instrumento de la política estadounidense. Los mismos sandinistas orteguistas celebraron la elección de Insulsa como Secretario General de la OEA, el 2 de mayo de este año, porque dijeron que representaba a un gobierno socialista (el de Chile) y porque su elección había sido una contundente derrota de Estados Unidos. ¿Por qué, entonces, Daniel Ortega, coreado por la cúpula del PLC, acusa ahora a Insulza de ser un instrumento de “las manos sucias” de Estados Unidos?

Lo que pasa es que el Secretario General de la OEA es una persona honorable y responsable, independientemente de la ideología política que sustente. Y por esa razón Insulza es consciente de que Ortega y Alemán están conspirando para interrumpir el proceso democrático de Nicaragua y establecer una nueva dictadura, ahora bicéfala y bipartidista, en este desventurado país.

Lo que dijo Insulza en su comunicado del viernes pasado es congruente con su responsabilidad de Secretario General de la OEA y con los principios y obligaciones que se derivan de la Carta Democrática de ese organismo, del cual Nicaragua es miembro desde que se fundó en el año de 1948. En efecto, según la Carta Democrática de la OEA, ésta no sólo tiene derecho sino también obligación de acudir en ayuda de cualquier Estado miembro, donde “se produzcan situaciones que pudieran afectar el desarrollo del proceso político institucional democrático o el legítimo ejercicio del poder…”

Precisamente por la aplicación de la Carta Democrática de la OEA, adoptada en septiembre del 2001, fue que este organismo hemisférico no toleró el derrocamiento del dictador de Venezuela, Hugo Chávez, en marzo del 2002, pues a pesar de los atropellos del chavismo contra la libertad de prensa y otros derechos democráticos básicos, había sido elegido libremente por el pueblo venezolano.

Y si en el año 2002 la OEA no aceptó el derrocamiento de Chávez en Venezuela no obstante los atropellos de éste contra los derechos democráticos y las libertades fundamentales de gran parte de los venezolanos, con mucha mayor razón debe acudir ahora a Nicaragua en defensa de un gobierno electo por el pueblo que, además, no ha ejercido el poder de manera dictatorial y que más bien ha sido agredido por los pactistas libero-sandinistas.

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