Inseguridad

María Helena Somarriba García Pensando en la situación por la que estamos pasando los nicaragüenses, con mucha tristeza he llegado a la conclusión que cada día que pasa estamos de una u otra manera a merced de algo o de alguien. Para muestra un botón. Hace unos días fui al centro comercial Managua a realizar […]

María Helena Somarriba García

Pensando en la situación por la que estamos pasando los nicaragüenses, con mucha tristeza he llegado a la conclusión que cada día que pasa estamos de una u otra manera a merced de algo o de alguien.

Para muestra un botón. Hace unos días fui al centro comercial Managua a realizar unas gestiones a las oficinas de la DGI y un joven de unos 16 años aproximadamente me preguntó que si me cuidaba el carro.

Yo le contesté que no porque no tenía dinero en efectivo en ese momento para pagar por ese servicio. Me llamó mucho la atención lo que me contestó: “Entonces, yo no me hago responsable de lo que pase”.

Recuerdo que solamente estuve unos 15 minutos en dichas oficinas, cuando salí me di cuenta que mi carro en la parte delantera tenía un rayón enorme que se llevó toda la pintura y que llegaba hasta la carrocería.

Procedí a reclamarle al supuesto cuidador de carros y me contestó que él me había advertido que no se hacía responsable de cualquier daño. Sencillamente porque no le pagué para que me cuidara el carro, deliberadamente me lo rayó.

Salí de ahí con sentimientos encontrados, en primer lugar con cólera por lo ocurrido y también con impotencia por no poder hacer nada al respecto, pero sobre todo pensando que aunque la situación económica del país está dura, por fuerza uno tiene que caminar con una bolsa llena de dinero para poder pagar en todos los parqueos de Managua para que te “cuiden” tu vehículo, o mejor dicho para que no te le hagan daño. Una vez más estamos “a merced” de los cuida carros de la capital.

Y qué me dicen de lo que pasa en cualquiera de los semáforos, seguimos “a merced” de los limpiadores de vidrios, que si no tienes dinero para pagarles, te echan agua sucia, te rompen los tricos o simplemente te patean el carro.

Y si hablamos de los buseros, de los taxistas, de las empresas generadoras de energía, de los diputados, de los jueces, de los políticos, seguimos “a merced” de cada uno de ellos, secuestrados y teniendo que hacer lo que se les antoja, sino “que Dios nos agarre confesados”, a como decía mi madre.

Es necesario que todos los nicaragüenses levantemos nuestra voz, no podemos seguir así, si nosotros no hacemos nada, no va a venir de fuera Batman, el Hombre Araña o “san embajador” a solucionarnos los problemas.

Tenemos que ser nosotros mismos, los que tenemos que poner nuestro grano de arena para arreglar nuestro país y salir de una vez por todas de esta postración económica y social en la que estamos sumidos. Nicaragüenses, ha llegado la hora. Pongámonos en marcha.

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