- La niñez nicaragüense es la principal víctima de la migración. Muchos de los menores se aventuran a emigrar, solos o con sus padres. Otros se quedan bajo el cuido de familiares o vecinos. Y, aunque las circunstancias son distintas, todos sufren la soledad y el temor al abandono
Anne Pérez [email protected]
Algunos emigraron en busca de los padres que un día se fueron y no regresaron. Otros, igual de desafortunados y también menores de edad, emigraron junto a sus padres y fueron abandonados en Costa Rica.
Ésa es la situación que viven unos 500 menores de edad, de origen nicaragüense, quienes fueron detectados por el Patronato Nacional de la Infancia de Costa Rica (Pani). Y es un escenario que podría empeorarse, según alertan organismos de la sociedad civil.
El Pani informó, a través de medios de comunicación ticos, que uno de los mayores problemas en la zona norte de Costa Rica es que están llegando niños inmigrantes sin tener a un familiar adulto que se responsabilice de ellos, más bien van en busca de ellos.
Según la información hecha pública por la institución en la zona norte costarricense el diez por ciento de los niños atendidos en albergues es de origen nicaragüense. El año pasado ingresaron a Costa Rica, por la zona fronteriza de Los Chiles, 93 menores nicaragüenses en desamparo.
Los menores entre 14 y 16 años son quienes están más dispuestos a aventurarse en el recorrido migratorio, dijo Jesús Hule, coautor de la investigación Distancia sin olvido. Este estudio sobre migración, niñez y adolescencia nicaragüense fue publicado por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) en diciembre del 2004.
“Ellos se sienten más independientes, y en muchas ocasiones escapan de los hogares donde fueron albergados por la migración de sus padres”, aseguró Hule.
Las autoridades también han detectado casos en los que menores de edad salen del país con el permiso de sus padres, pero no hay ninguna garantía de protección para ellos. La PDDH está tramitando siete casos de menores que fueron sacados del país, con autorización, pero algunos tienen años de haber perdido contacto.
El Director de Protección especial de menores del Ministerio de la Familia (Mifamilia), Pablo Siero, dijo que esta situación es un problema de nación. Sin embargo, estos datos son manejados como un secreto a voces por el Gobierno nicaragüense. Autoridades gubernamentales conocen la situación, pero aseguran que es “información extraoficial o no confirmada”.
LA OTRA CARA DE LA MONEDA
Existen menores que están en la otra cara de la moneda. Ellos también se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, denuncian no sólo organismos de la sociedad civil, sino las mismas instituciones gubernamentales.
La desolación, tristeza y muchas veces la desesperanza son los sentimientos que se apoderan de niños y niñas, cuyos padres se ven obligados a migrar de Nicaragua.
María Elena Pastrán no fue la excepción. Su mamá Nereyda Pastrán Reyes se fue en busca de oportunidades a Costa Rica, cuando ella tenía cinco años, ahora tiene 15.
“Todos necesitamos el calor de nuestros padres y madres, una cosa es la mamá y otra es la abuelita —con quien vive—. Yo me he sentido muchas veces mal cuando miro a mis primos con sus mamas”, cuenta María Elena, aún con tristeza en la voz.
En muchos casos la situación económica familiar mejora después de la migración, pero el dinero no compensa la pérdida que sienten los menores.
La Red Nicaragüense de la Sociedad Civil para las Migraciones realizó una investigación con adolescentes, hijas de migrantes, en los que se detectaba una especie de duelo en las menores.
“Es muy importante el dinero que nos envía a la familia por medio de las remesas, pero es como una pérdida que tu mamá no esté con vos. Se siente una especie de vacío interno”, comentó Diana Ortega, originaria de San Marcos, Carazo.
La madre de Diana pudo establecerse legalmente en Estados Unidos y después de diez años la mandó a traer para reunirse por primera vez.
Martha Cranshaw, Coordinadora de la Red Nicaragüense de la Sociedad Civil para las Migraciones, explicó que la pérdida emocional es mayor que la ganancia económica, como lo revela la investigación realizada por la red.
RIGIDEZ EN EDUCACIÓN
“Mi abuelita es muy rígida, no me deja ir a fiestas, ni salir. Es muy radical, porque ella me regaña si salgo y tengo que obedecerla”, respondió María Elena, al ser consultada sobre la relación con su abuela.
Ella forma parte de la generación del siglo XXI, educada por gente de la generación del siglo XX, según cataloga Cranshaw.
Las abuelas, que según el estudio de la PDDH, son quienes en su mayoría cuidan de los hijos de migrantes, toman medidas muy restrictivas en contra de los menores, aún más de las que tomarían los padres.
En el caso de las niñas adolescentes se les transfiere una carga de responsabilidades excesivas, se convierten en madres sustitutas, quienes en algunos casos deben cuidar a sus hermanos menores, dijo la Procuradora Especial de la Niñez, Norma Moreno.
Los menores “quedan bajo la autoridad de las abuelas, y eso ocasiona problemas de comunicación. Aumento del trabajo para las adolescentes. Falta confidente a la adolescente, o su persona más cercana. Problemas en las clases por recargo de trabajo”, revela la investigación realizada con adolescentes de Rivas, por la Red para las Migraciones.
El investigador Hule consideró que los niños, cuyos padres migraron “se tiran a las calles, porque las abuelas no vigilan su educación”.
ABANDONO Y TRABAJO
A sus 15 años, y cursando el cuarto año de secundaria, María Elena quizá tenga que trabajar, porque su mamá desde hace seis meses no envía remesas ni se comunica con ella.
“Mi abuelita —de 65 años— está muy enferma y ya no puede seguir en su trabajo de lavado y planchado de ropa. Entonces, si tengo que trabajar lo voy a hacer”, dijo la menor, originaria de Estelí.
Casi en igual situación se encuentra José Roberto Cardoza Arrianza, de tres años. Su abuela, Leonor Arrianza, se encuentra en gestiones con la Red Local para las Migraciones de Estelí para localizar a la madre del pequeño, Sara Cardoza Arrianza, con quien perdieron el contacto desde finales del 2002.
Cranshaw aseguró que los abandonos se dan cuando el migrante se encuentra en desempleo, o está escapando de alguna situación de violencia.
En ocasiones, las remesas llegan puntuales, pero los hijos de migrantes no reciben ni un centavo. Esto se debe a que los tutores de los menores “no los cuidan con responsabilidad, sino por el ingreso económico”, explicó Martha Olivia Gutiérrez, Secretaria Ejecutiva de la Red Local para las Migraciones de Managua.
“Es alarmante la irresponsabilidad afectiva, porque muchas veces se deja a los menores en manos de familiares lejanos e incluso de vecinos”, dijo la Procuradora.
NIÑOS REPATRIADOS
Ante los múltiples casos de abandono y desamparo en el que caen muchos menores, hijos de migrantes, la Ministra de la Familia, Ivania Toruño, aseguró que “le damos tratamiento especial, pero no podemos agarrar a los niños y llevarlos inmediatamente a un centro de protección. Hay procedimientos que seguir”.
La Procuradora de la Niñez explicó que en esa institución existe una gran preocupación porque desde el Gobierno Central no hay una política especializada de protección a la niñez migrante, además hay muy poca coordinación institucional.
Raúl Rivas, especialista de proyectos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), explicó que ese organismo está ejecutando una prueba piloto para repatriar a menores de edad que se encuentran entre México y Costa Rica.
El pilotaje empezó desde julio, concluye en diciembre. Sin embargo no se ha repatriado ningún menor a Nicaragua, porque los casos han caído en “la tubería de la repatriación”, es decir que se han estancado, aseguró Rivas.
“La posibilidad de velar por un menor conlleva mucho papeleo, porque todas las instituciones involucradas se cuidan las espaldas, ya que es un proceso muy delicado, y por eso los casos se estancan”, agregó Rivas.
La repatriación de un menor puede tardar entre 30 y 90 días, según el Secretario General de Mifamilia, Pablo Sánchez. Previo a la llegada del menor, se deben realizar investigaciones en su núcleo familiar para determinar el grado de compromiso con el menor y la situación económica.
En el 2004, Mifamilia repatrió a 25 menores. En lo que va del año, ya suman 65 casos.
CENTROS FRONTERIZOS
La Ministra de la Familia, Ivania Toruño, aseguró que hay muy poco personal para atender los casos de menores migrantes.
A mediados del próximo mes, las zonas de Somotillo y Cárdenas tendrán dos nuevos centros de atención fronterizo, especialmente para menores. Sin embargo, el resto de puestos fronterizos seguirá a la espera.
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