- Ricardo Lagos dejará a su sucesor una economía en alza, pero también un serio déficit energético
El presidente Ricardo Lagos puede sentirse satisfecho. De no mediar imprevistos, el 8 de mayo próximo le dejará a su sucesor una economía marchando a buen ritmo. El PIB de Chile crecerá este año un 6 por ciento y las estimaciones indican que dará un salto similar el año próximo. Buena parte de ese estirón se debe al precio del cobre, el principal recurso natural del país. En el segundo trimestre de este año el precio de ese metal superó todas las proyecciones y se cotizó a un promedio de US$1.54 la libra, un 22 por ciento más que en el mismo período del 2004.
Semejante alza del cobre y el crecimiento de la economía también ayudaron a vigorizar las arcas fiscales. Durante el primer semestre, las cuentas del Gobierno Central arrojaron un superávit equivalente a 2.9 por ciento del PIB. En ese contexto, el peso chileno continúa revaluándose frente al dólar. Pero esa dinámica está lejos de quitarle competitividad a la economía. Las proyecciones del Gobierno indican que las exportaciones alcanzarán este año los US$38,000 millones, un 19% más que en 2004. Si bien en el primer semestre del año el cobre concentró cerca del 43% de los envíos, productos no tradicionales como el salmón, la trucha, el vino, manzana fresca y la carne de cerdo congelada también crecieron a niveles altos.
Las buenas nuevas podrían extenderse a una de las asignaturas pendientes de Chile: su todavía alta tasa de desempleo. En el segundo trimestre, el desempleo fue del 8.7%, una caída del 0.9% con respecto al mismo período del 2004. Y, según algunos analistas, el índice podría descender al 6.5% a fines del próximo año.
Este cuadro de situación ¿significa que no hay ningún riesgo en el horizonte? No. Chile tiene dos disyuntivas importantes para el futuro. La primera es saber qué sucederá tras las elecciones del 11 de diciembre próximo. Los sondeos indican altas preferencias por la socialista Michelle Bachelet, candidata por la oficialista Concertación, en desmedro de los candidatos opositores Joaquín Lavín y Sebastián Piñera. Aunque muchos temen por sus antecedentes izquierdistas, el triunfo de Bachelet representaría una continuidad, aún con matices, del rumbo seguido por la alianza de centroizquierda que gobierna Chile desde 1990. Tanto es así que, para despejar dudas sobre una posible expansión del gasto público, la candidata socialista se comprometió a respetar una de las reglas de oro del modelo chileno: la meta del 1% del superávit fiscal. De todos modos, condicionó ese objetivo a la situación del déficit patrimonial y la deuda del Banco Central, a la garantía estatal para las pensiones y a la situación que presente el mercado de capitales.
El otro interrogante es el déficit energético. Para sostener su crecimiento económico, Chile debe importar dos tercios de la energía que consume. La caída de la producción de gas en Argentina y los conflictos políticos en Bolivia reducen el número de proveedores confiables. Ante eso, una alternativa sería el llamado “anillo energético” del Cono Sur, que permitirá impulsar la importación y exportación de gas entre Perú, Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y, tal vez, Bolivia. Si ese proyecto pasa a los hechos, Chile podría incorporar gas del yacimiento de Camisea en Perú. Pero la idea del “anillo energético” no está madura y debe todavía definir un marco legal.
El interrogante, entonces, continúa abierto, aunque el gobierno chileno ya adelantó que el suministro del 2006 está asegurado. Despejada esa nube, por ahora el horizonte de Chile luce brillante.