Edipo (2)

Luis Sánchez Sancho

Después de que Edipo obtuvo el trono de Tebas —como premio por haber vencido a la Esfinge—, y de casarse con Yocasta, la viuda del rey Layo, ambos vivieron y reinaron felices por mucho tiempo, durante el cual tuvieron cuatro hijos: dos varones, Etéocles y Polinice, y dos mujeres, Ismene y Antígona.

Pero un día una terrible peste atacó a la ciudad. La mortandad era enorme y todas las medidas que se tomaban y las rogativas que se hacían a los dioses, eran inútiles. Entonces Edipo mandó a preguntar al oráculo de Apolo por qué los dioses castigaban de esa manera a Tebas y qué se debía hacer para que suspendieran el castigo. “Los dioses castigan a Tebas porque no hizo justicia con el asesinato del rey Layo”, sentenció la pitonisa que servía en el oráculo de Apolo. Y agregó que hasta que el asesino de Layo recibiera el merecido castigo, los tebanos dejarían de sufrir la peste.

Edipo ordenó una exhaustiva investigación sobre la muerte de Layo. Llamó a Tiresias, el sabio adivino que quedó ciego por haber visto desnuda a Artemisa. Tiresias, que todo lo sabía, le dijo a Edipo la verdad, incluyendo que Layo y Yocasta eran sus verdaderos padre y madre, y que tal como lo predijera el oráculo, él, Edipo, había cometido parricidio e incesto.

Yocasta enloqueció por tan infausta noticia y se quitó la vida colgándose del cuello. Y Edipo se arrancó los ojos, porque consideró que la muerte era poco castigo y que en el otro mundo él no podría ver al rostro a su madre.

Los hijos varones, Etéocles y Polinice, reaccionaron con rencor contra su padre y lo expulsaron de la ciudad; de las hijas mujeres, Ismene no supo qué hacer pero Antígona acompañó al exilio al desdichado Edipo, quien antes de marcharse maldijo a Etéocles y Polinice.

Por muchos rumbos anduvo Edipo, llorando su desgracia, auxiliado por la fiel y amorosa Antígona, sobreviviendo de la caridad pública, recibiendo a veces el desprecio que es fruto de la impiedad y la incomprensión. Hasta que llegaron a las cercanías de Atenas, junto a la cual estaba el bosque sagrado de Colonno, consagrado a las Euménides, las divinidades de la Justicia cuya misión es vengar, castigar y reparar los desafueros de los humanos.

Al bosque de las Euménides no podían entrar los humanos, de manera que la gente de las cercanías quiso sacar y golpear a Edipo y Antígona, por el sacrilegio cometido. Pero la joven los conmovió contándoles la tragedia de su padre, y los dejaron en paz.

Edipo fue llevado ante Teseo, rey de Atenas, quien, conmovido por aquella terrible historia, le permitió quedarse en la gran ciudad facilitándole los medios para vivir dignamente.

Pero pronto Edipo sintió el llamado de la muerte. Entonces pidió que lo llevaran al bosque de Colonno, y que lo dejaran allí, solo, al lado de una fuente. Edipo se despojó de su negra vestimenta luctuosa, se lavó en la fuente para purificarse y se puso la ropa con que se vestía a los muertos (mortaja). Inmediatamente después, un poderoso rayo iluminó el cielo, el estallido del trueno estremeció el bosque y Edipo desapareció.

Cuentan unos que el impacto del rayo abrió la tierra que se tragó a Edipo, pero otros aseguran que el infortunado príncipe y rey de Tebas fue conducido por el rayo al cielo, donde los dioses, que lo habían perdonado, lo acogieron para siempre.

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