Una fórmula invencible

Pablo Sanabria

La coalición encabezada por Lewites sí le quitaría votos a Daniel Ortega, pero no los suficientes para derrotarlo en las elecciones presidenciales del próximo año. No nos engañemos. Y aunque el empresario Eduardo Montealegre con mucho esfuerzo ha generado expectativas en un sector social importante, lo cierto es que no logra proyectar una imagen atractiva para el grueso de los trabajadores y la clase media nicaragüense. Montealegre —como Bolaños— es percibido como un representante de las clases pudientes.

Herty es mucho más popular que Montealegre, tan popular que yo, sin haberle tratado jamás, me atrevo a llamarlo por su primer nombre. Pero ni Lewites ni Montealegre, yendo cada uno por su lado, representan un peligro para Daniel Ortega. Seamos realistas. Los partidos que estos candidatos pudieran llegar a representar ganarían algunos escaños en el Poder Legislativo pero, ¿de qué manera cambiaría eso el estado de cosas que nos afligen?

Esta realidad política exige medidas radicales, no simples maquillajes. Algo que se salga de los esquemas tradicionales, que cambie el panorama de fragmentación partidista que percibimos actualmente y que produzca unidad y fortaleza. Sólo una alianza entre Lewites y Montealegre podría sacudir a los pactistas. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No. ¿Cambiaría radicalmente el panorama en las próximas elecciones? Absolutamente. ¿Qué se requiere para que esto ocurra?

Ante todo, amor por Nicaragua y luego, seriedad y sinceridad en cuanto al propósito que ambos líderes —y todos los que están detrás de ellos— han expresado de liberar al país de la corrupción como forma de gobierno. Personalmente siempre he visto la disidencia de Lewites con reservas. Por mucho tiempo he creído que su movimiento es una estrategia del Frente Sandinista para confundir y fragmentar a la oposición.

Sin embargo, puedo estar equivocado. Tal vez Lewites sea sincero. La coyuntura actual es una buena oportunidad para demostrarlo. Montealegre, por su parte, proyecta confianza a Estados Unidos, a los organismos internacionales y también al capital nacional y extranjero. Su presencia en una fórmula presidencial es clave. Pero estadísticamente, Lewites es más popular y por lo tanto, tal vez tenga más derecho a la candidatura presidencial con Montealegre como Vicepresidente.

Señores, ha llegado la hora de reducir todos los discursos a un simple hecho: o se trata de retórica hueca y vacía o de una intención genuina en favor de la Patria. Una alianza así sería invencible no sólo porque haría converger a la gran mayoría de partidos dispersos sino porque ofrecería la oportunidad a muchos sandinistas y liberales bajo el paraguas de los caudillos, de soltarse las vergonzosas cadenas a las que han sido sometidos.

Una vez que esta alianza se conciba como una posibilidad real, queda por negociar y elaborar un plan de gobierno que tenga como base la economía de libre mercado pero que al mismo tiempo incorpore de manera creativa, políticas orientadas a la protección de los sectores sociales más vulnerables (un tipo de socialdemocracia aunque no es necesario ponerle nombre). Pero se requiere abandonar posiciones ortodoxas y abrirse a nuevas posibilidades más allá de los patrones del socialismo y capitalismo clásicos.

En el mundo postmodernista en que nos ha tocado vivir, ninguna doctrina política puede cerrarse a la revisión y al cambio. Los nicaragüenses tenemos la oportunidad de crear una opción nueva que permita una solución nacional a nuestra problemática.

Si los marxistas rusos han incorporado elementos capitalistas que les permita desarrollar su país, es de esperarse que un socialista moderado como Lewites (y los ideólogos sandinistas que están con él) pueda encontrar puntos de coincidencia con un capitalista pragmático como Montealegre y trabajar juntos por una Nicaragua más libre y más justa. Menos mal que esto no sirve. Ustedes tienen la palabra.

El autor es abogado.

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