Candidaturas favorecen al pacto

Mario Alfaro Alvarado

Comenzó la alegre danza de las candidaturas. Parece que cada candidato posee un varita mágica para acabar con la pobreza y el desempleo; al menos eso es lo que le dan a creer a sus confiados seguidores dondequiera que ellos reparten abrazos y sonrisas. Durante la dictadura liberal somocista, los candidatos repartían guaro y nacatamales; ahora, reparten gorras y camisetas, pero el mensaje sigue siendo el mismo: denme sus votos y yo resolveré todos sus problemas.

¿Qué les hace pensar a estos despreocupados buscadores de votos que podrán obtener la silla presidencial en unas elecciones manejadas por un Consejo Supremo Electoral que es instrumento del pacto y obedece órdenes de la dictadura bicéfala?

Segura de lo que vendrá, la cúpula del PLC —siguiendo la tradición libero-somocista del soborno y la venalidad— estableció ya una subasta de puestos públicos. Puso a disposición de los posibles clientes una Vicepresidencia, diputaciones, ministerios y viceministerios, direcciones generales y subdirecciones.

Mientras la juventud nicaragüense se ha lanzado a la calle para demandar garantías electorales, los aficionados a la Presidencia se cobijan con esa bandera de lucha para pescar en río revuelto. ¿Esperan los avispados candidatos que la nueva generación le saque las castañas del fuego, para que ellos vuelvan a las andadas de siempre? ¿Por qué los candidatos no dejan de repartir abrazos y sonrisas y de llenar sus discursos con lugares comunes gastados por el uso, y organizan un movimiento de apoyo para esa juventud que no busca votos, ni puestos públicos, ni prebendas y se limita a exigir elecciones transparentes?

Ninguno de los actuales candidatos y los que se les sumarán, tienen oportunidad de ganar una elección. Porque quienes deciden son los caudillos del pacto, que a través del Consejo Supremo Electoral impondrán sus propios candidatos. Todo sigue igual en ese Consejo manipulador de votos y experto en fraudes electorales. Todo está listo para los próximos fraudes. El del 2006 será un gran fraude electoral, ostentoso y descarado. ¿Qué harán, entonces, los confiados candidatos? ¿Negociarán después del fraude? La lógica oportunista aconseja negociar antes de que la dictadura pactista haya redactado su lista de candidatos

En 1944 los jóvenes se tomaron las calles e impidieron que el viejo Somoza se reeligiera en 1946. Pero llegaron los políticos en su auxilio y el dictador se reeligió en 1950. El 22 de enero de 1967 los jóvenes de esa generación desafiaron en la calle a los guardias somocistas. Hubo numerosos muertos y heridos y luego vino una dura represión. De nuevo los políticos se entendieron con el último dictador Somoza y la dinastía se prolongó por largos años.

La situación actual del país no admite términos medios. Es, como se suele decir, de vida o muerte, porque será una muerte lenta e inexorable si la sociedad nicaragüense se somete a la corrupción o escoge la opción de salir de la ignominia y el atraso, para vivir una vida plena de oportunidades y progreso

En estos momentos es irrevocable la sustitución de un pasado de sumisión y miseria, por un futuro de dignidad y mejoramiento económico y social. Es ahora que el pueblo demanda líderes que le muestren el camino hacia la liberación definitiva y no candidatos siempre prestos a negociar cargos públicos.

El pueblo, sobre todo la juventud, necesitan líderes que marchen con la consigna: “Vamos todos a las elecciones o no va ninguno”. Las elecciones no han de ser para que todo siga igual, que siga la corrupción y el atraso. Las elecciones deben ser para que el pueblo elija candidatos probos y capaces de gobernar. La votación ha de ser transparente o los votos deben ser destruidos por la furia popular, para comenzar de nuevo con un proceso electoral a satisfacción de las demandas ciudadanas, como ha ocurrido en otros lugares de este mundo.

El autor es periodista.

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