En letra pequeña

Fabián [email protected]

PETRÓLEO

A Juan Pérez la crisis del petróleo lo tiene loco. Su esposa, la Maruca, está preocupada porque el pobre Juan se levanta desesperado por conocer a cómo amaneció el barril de petróleo en el mercado internacional, cuáles son las perspectivas de futuro y cuáles son las proyecciones de inflación que hacen el gobierno y los economistas independientes, para después él solito, sacar sus propios cálculos en hojas de papel que arranca de la libreta de sus hijos. No es que Juan cotice en la Bolsa de Nueva York, ni que se siente a discutir inversiones con los Pellas. Ni siquiera trabaja con Gustavo Ortega en la sección de Economía de LA PRENSA. Él es guarda de seguridad de un banco, gana 1,030 córdobas quincenales, hora extras incluidas, haciendo diario turnos de 12 horas. Pero el petróleo es su mayor preocupación de un tiempo para acá.

TRAS CUERNOS, PALO…

Razones tiene Juan para estar medio loco. Con su salario, hoy compra poco más de la mitad de lo que compraba hace tres meses. Ya no se monta en los buses destartalados de la 104 pagando 2.50 córdobas, sino en camionetas que lo llevan como ganado por cinco córdobas. Regresa a su casa malmatado para encontrar que hay racionamiento de Unión Fenosa y no puede ver televisión ni oír noticias. Por la oscurana, ni siquiera puede sacar las cuentas de las deudas que le ha dejado esta crisis del petróleo que lo agobia. ¿No es como para volverse loco?

PEATONES

El desprecio que los conductores mostramos hacia los peatones es criminal. El otro día vi cómo una señora agarró a sombrillazos una camioneta de acarreo que se tiró campantemente un semáforo peatonal que le marcaba rojo. Por años nos dijeron, y nos lo creímos, que las calles son para los carros y al peatón no le concedemos más derecho que usar las calles siempre y cuando no atrase a ningún vehículo. Debería ser al revés: las calles, o por lo menos las de un hipotético centro de Managua, deberían ser amables para los peatones y hostiles para los carros. Es injusto que quien ya tiene el privilegio de tener un carro, también tenga siempre la preferencia en el uso de la calle.

DIÁLOGO

Yo estoy de acuerdo con Daniel Ortega en una sola cosa: tiene que haber diálogo. No veo cómo podamos empezar a solucionar los problemas, los que nos llegan desde afuera y los que han creado nuestros políticos, si no se sientan en una mesa las personas que tienen capacidad de decisión en Nicaragua. Ese diálogo debe comenzar de cero. Hay que bajarse del macho. Ni Ortega puede seguir insistiendo en su diálogo, que ya se percibe como otra institución más del pacto, ni Bolaños en un diálogo donde llegue Raimundo y todo el mudo para no hacer nada.

MEDIADOR

Si el Gobierno no quiere al cardenal Obando como mediador y garante debe decirlo con toda claridad y no con medias tintas como lo ha hecho hasta ahora. A mi parecer el cardenal Obando perdió su capacidad de mediar en la medida que se involucró con una de las partes del diálogo y, tal como lo dice la Biblia en el Eclesiastés, hay un tiempo para todo: “Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado…”. Tiempo para ser mediador, tiempo para dejar de serlo…

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