Roberto Ferrey Echaverry
Roberto Laserna, ha publicado recientemente un análisis sobre la situación de Bolivia, que bien puede ayudarnos a reflexionar en la búsqueda de soluciones concretas a la crisis nicaragüense.
El análisis señala que el entonces presidente Carlos Mesa, quien gobernaba sin apoyo partidario, “se mostró débil y confundido”, no logrando articular respuestas consistentes a los conflictos que se planteaban.
Además, agrega, la Vicepresidencia tomó distancia del Ejecutivo y al sugerir su posible renuncia aumentó las expectativas de sectores interesados en producir cambios en el Poder Ejecutivo.
Por otra parte, los grupos opositores mayoritarios asumieron una estrategia de la “conflictividad”, con el objetivo de ir erosionando, paulatinamente, la gobernabilidad e ir debilitando la institucionalidad democrática.
El generar conflictos debilita al Gobierno —que cede o se muestra incapaz de resolver conflictos— y ello conlleva la generación de nuevos conflictos y que el Gobierno vaya perdiendo capacidad de gestión, con lo que corroe su legitimidad (emanada del voto popular) y la institucionalidad misma del Estado. Proceso que, el señor Laserna califica como de ir “consumiendo” la democracia y que, al no generarse nuevos hechos democráticos, puede llevar a la extinción de la democracia por el actuar de algunos dirigentes políticos y organizaciones diversas que “asedian a las instituciones democráticas impidiéndoles ejercer sus funciones y aplicar criterios fundados en el interés general o bien común”.
En consecuencia, advierte el análisis, “el debilitamiento de las normas (leyes) y de las instituciones implica la paulatina desaparición de controles a la lucha social y política; que se hace cada vez más cruda y abierta, lo que puede derivar en acciones de violencia de altísimo costo social”.
La estrategia de la conflictividad va encubierta en discursos populistas, revolucionarios y nacionalistas que, conforme estudios en que se basa el análisis de referencia, más bien han ocasionado perjuicio a la gente pobre, en cuyo nombre se lanzan los discursos y se desarrolla la estrategia conflictual y “consumidora” de la democracia boliviana.
Tales estudios demuestran que el efecto más inmediato de las estrategias y discursos referidos ha sido el aumento del desempleo. Es decir la crisis política profundiza la crisis económica, ya que la falta de gobernabilidad y de estabilidad detiene las inversiones, públicas y privadas, e incrementa la recesión económica existente.
En conclusión, nos dice el analista, la conflictividad política no ocurre para mejorar las condiciones de vida de la mayoría, sino que se constituye en simple mecanismo de lucha por el poder político.
Actualmente Bolivia es gobernada por el tercer Presidente del período 2002-06, es decir los cambios de Presidente no han solucionado la crisis, y se desarrolla un nuevo proceso electoral que esperan convertir “en un momento de concertación política basado en el compromiso de respetar las reglas del juego y aceptar sin cuestionamientos la voluntad ciudadana expresada en un voto mayoritario”.
Bolivia no tiene ya muchas opciones democráticas, refiere el análisis, pues “los Obispos, como reserva moral, ya están en la arena política; pero la reserva material del orden público, los militares, no han actuado”…
Esperamos, acotamos nosotros, que no haya necesidad de que los militares sean quienes actúen en Bolivia, y que superando las conflictividades puedan lograr una solución democrática emanada del proceso electoral; que debe ser el único mecanismo legítimo de asignación de la delegación de poder que hace todo pueblo soberano, para fortalecer su respectivo proceso de incremento en las instituciones democráticas.
El autor es Secretario del PRN.