José Leopoldo Decamilli
Roman, Times, serif»>
Dios, Bolívar y él
José Leopoldo Decamilli
Al Comandante Chávez se le ha metido en la cabeza que él encarna una misión más grande que la que tenía Bolívar. “Nuestra tarea —dice— es más grande que la de Bolívar”. El mejor retrato de este megalómano lo hizo el cardenal Castillo en el periódico de Bogotá, El Tiempo: “Chávez es un paranoico, un castrista que se cree Bolívar y un dictador (…) que apoya la guerrilla (colombiana) y desea un Estado comunista”.
Efectivamente, Chávez adora a Castro; se inspira en él. La transformación de Venezuela en un Estado totalitario sigue, punto por punto, las instrucciones que recibe de Castro en sus frecuentes visitas a Cuba. Su meta es la creación “de un nuevo socialismo; el socialismo del siglo XXI”. Examinado atentamente comprobamos que este socialismo es exactamente el mismo que se derrumbó en Europa y que se mantiene en Cuba o en Corea del Norte por la opresión y a expensas del hambre y de la miseria del pueblo. Es decir que el señor Chávez presenta como modelo para el futuro de Venezuela esas ruinas materiales y morales que hoy perviven en la memoria de la humanidad como horrenda imagen de la esclavitud y de los sufrimientos de innumerables generaciones.
Para realizar este “modelo” Chávez cuenta con un instrumento bastante peligroso: el petróleo. Chávez siembra el petróleo del pueblo venezolano para comprar voluntades y ganar aliados en Hispanoamérica y en el mundo. Sin mandato legal y sin ningún control efectúa donaciones millonarias. El principal beneficiado es, naturalmente, Cuba. Chávez envía a Cuba, diariamente, 93 mil barriles de petróleo, a precios muy favorables. Aún antes de llegar a Cuba, el Gobierno cubano revende estas remesas, obteniendo un beneficio diario de aproximadamente 5.5 millones de dólares.
El Gobierno venezolano le ha concedido todavía un crédito de 20 millones de dólares para un programa de electrificación. A Argentina le ha comprado los bonos de la deuda, y lo mismo hará con Ecuador, y hay canales secretos que alimentan con dólares los movimientos revolucionarios de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Venezuela se ha lanzado además a una carrera armamentista que engulle millones de dólares.
Entretanto, la situación social y económica del país es cada vez más preocupante. La corrupción, la criminalidad, el desempleo, la pobreza, el hambre, alcanza niveles increíbles. “La concentración del poder, el estatismo económico y el populismo pueden provocar la desligitimación del actual régimen, pues estos factores generan pobreza, corrupción e intentos esquizofrénicos de cambiar el rumbo de la economía” (Datanálisis).
En los últimos 5 años han quebrado cientos de empresas, dejando un saldo de 700 mil parados. En el informe de la FAO, presentado en la Cumbre de la Alimentación de las Naciones Unidas, Venezuela figura entre los diez países más desnutridos del mundo, junto al Congo, Liberia y Gambia. Eduardo Fernández, Presidente del Partido COPEI de Venezuela, afirma que “cada vez hay más hambre, cada día más desempleo, cada día están más atrasados los servicios de salud”.
No es ocioso recordar que este energúmeno castrista, que lleva a Venezuela a la ruina, es el socio preferido de Daniel Ortega. La afinidad de los prejuicios es más fuerte que la razón.
El autor es profesor universitario en Berlín