Un procurador sui géneris

Mauricio Mendieta Herdocia

La designación en meses pasados del nuevo Procurador de Derechos Humanos constituyó un vivo reflejo sobre los criterios e intereses bajo los cuales realiza nombramientos desde la Asamblea Nacional, el pacto Alemán Ortega.

Siguiendo fielmente y siendo obedientes a las instrucciones impartidas, los legisladores pactistas descartaron a candidatos de competencia y credenciales reconocidas, y realizaron un nombramiento tan importante como éste, en base a criterios e intereses estrictamente partidistas, continuando con su práctica común de repartidera de puestos.

El nombramiento recayó en don Omar Cabezas Lacayo, el otrora comandante guerrillero, quien como fundador y presidente de Los Pipitos ha realizado sin lugar a dudas una labor ciertamente meritoria, pero como funcionario del aparato represivo del régimen sandinista en los años ochenta ha sido señalado de graves violaciones a los derechos humanos.

Después de instalarse con gran despliegue mediático en su despacho, el nuevo procurador ha venido utilizando su cargo como trinchera política para realizar acciones y campañas partidistas.

El señor procurador publicó bajo su firma y título oficial, una página entera en campo pagado en los principales diarios del país, con una diatriba visceral y demagógica en contra de la entrada de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio. El ciudadano don Omar Cabezas tiene derecho a divulgar sus opiniones personales, por descabelladas que sean, pero, el “procurador Omar Cabezas Lacayo” no puede, sin violentar la naturaleza y objetivos de la institución que encabeza, utilizar su cargo y los fondos de la Procuraduría para difundir planteamientos partidistas o personales. ¿Qué piensan de ello los señores contralores de la República?

Según informaciones que circularon en medios informativos, en ocasión de la marcha cívica de Managua el 16 de junio recién pasado, el Procurador de Derechos Humanos fue visto “y filmado” en medio de un piquete en la carretera a León que obstaculizaba el tránsito de vehículos en que viajaban ciudadanos hacia Managua para participar en la marcha, ondeando banderas azul y blanco y con el lema “Por amor a Nicaragua”.

El nombramiento del señor Cabezas ha representado una verdadera burla al pueblo nicaragüense, y la Procuraduría de Derechos Humanos ha dejado de ser una institución al servicio de todos en la promoción y defensa de los derechos humanos, para convertirse en un bastión partidista donde se disipan los escasos recursos disponibles.

Los embajadores de países donantes me imagino han observado sorprendidos y perplejos semejante nombramiento, ya que esta situación debe resultar para ellos, insólita e inadmisible.

Este nombramiento es un fiel y contundente reflejo de lo nocivo y falta de moralidad del pacto Alemán Ortega y el sentimiento de menosprecio por los derechos humanos.

Tanto las comisiones y organismos de Derechos Humanos como el Cenidh y la CPDH, como otras organizaciones, catedráticos, juristas, abogados e incluso los jóvenes estudiantes de derecho debieron haber protestado y cuestionado este nombramiento.

La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos debe ser una institución seria y responsable, ya que su propósito es promover y defender los derechos de todos los nicaragüenses sin excepción, y por tal razón se debió haber nombrado a la persona idónea, tanto en credibilidad como en la debida capacidad para ejercer dicho cargo.

Los nicaragüenses debemos estar absolutamente claros que la dictadura bicéfala del pacto, de corte neosomocista y tinte fascista, es una alianza y unión que actúa en contra de los verdaderos intereses políticos, sociales y económicos de Nicaragua y su gente. Ante esta realidad inobjetable, todos debemos participar activamente para salvar este proyecto democrático, que tanta sangre, sacrificio y esfuerzo ha costado y la mayoría de los ciudadanos hemos anhelado.

El autor es médico.

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