En letra pequeña

Fabián [email protected]

MAGIA

Ni el beisbol ni el boxeo ni el futbol. La política es el principal deporte de los nicaragüenses. Hay varias razones para ello. La política tiene en Nicaragua la virtud de convertir a alguien que anda malviviendo en las calles en un honorable diputado o magistrado, con camionetona, chofer, amante y casa en el mar. De un día a otro. Ayer llegó en ruta a su barrio y hoy está trasladándose al nuevo residencial. Ni la lotería ni lo negocios ni el narcotráfico poseen la “magia”. Sólo la política. Sólo en Nicaragua.

GATOS PARDOS

Hay más. La política es el terreno donde todos los gatos son pardos. Por ello, los nicas tratamos de llevar cualquier conflicto a ese terreno. Ahí, nada es lo que parece ser. Cualquier fechoría parece virtud. Cualquier acusación una calumnia. Los villanos lucen como héroes. Si usted atrapa a un ladrón metiéndole la mano en la bolsa, aquél puede alegar que todo es una trama para perjudicarlo a él o a su partido. El victimario se convierte en víctima. En Nicaragua no hay hombres malos. Sólo políticos.

PATENTE DE CORSO

La política es también patente de corso. En su nombre se pueden robar millones, violar, matar a cristianos y ser “honorable”. En el peor de los casos, cuando se cae en desgracia, se tiene la seguridad que recibirá un tratamiento especial (cárceles de lujo, juicios que prescriben, amnistía, convivencia familiar, etc.) porque quienes estarán a cargo de castigarlo tienen tantos o más crímenes a cuesta y cuidarán de darle el mismo trato que ellos quisieran recibir si algún día, quien sabe, caen también en desgracia.

BENEFICIO PROPIO

Usando el ardid de los “gatos pardos”, a los pactistas les resulta muy fácil decir que quienes les critican son sus adversarios políticos. Sin embargo, lo que sucede es que un grupo de personas (¡su filiación política poco importa!) se han apoderado de las instituciones del Estado para su propio beneficio. La Asamblea Nacional hace leyes para repartir poder entre ellos, la Corte Suprema de Justicia sirve para limpiar o castigar según su propia conveniencia, y el Consejo Supremo Electoral tiene por tarea que ellos siempre ganen las elecciones. ¿Se acuerdan ustedes cuando pensábamos que estas instituciones debían servir al país?

PRIVATIZACIÓN

El pacto, señores, ha privatizado las funciones de las instituciones, cuidando sí que quien pague su mantenimiento sea el dinero público. Acaso son tontos.

APAGONES

En los años ochenta por lo menos estaba Emilio Rappaccioli para echarle la culpa de los apagones. Un día de éstos, tantos años después, llegué a entrevistarlo y encontré al hombre todavía cargando la responsabilidad de un desastre energético donde él fue pararrayos. ¿Ahora a quién vamos a echarle la culpa? Yo veo a varios. Algunos, por su incompetencia, deberían estar renunciando a sus cargos. Pero, como en la política todos los gatos son pardos, vamos a ese terreno y ya verán que nadie es culpable.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí