DR-Cafta y universidades

Julio Sevilla [email protected]

Tristes declaraciones brindadas por Yasser Martínez, Presidente de la UNEN, en una entrevista publicada en el Diario LA PRENSA el pasado 5 de septiembre. Tengo 23 años y recientemente me gradué de Ingeniero Industrial, por lo cual me preocupa sobremanera que el supuesto representante de los universitarios nicaragüenses, los futuros profesionales de Nicaragua, muestre niveles de ignorancia tan alarmantes.

Comprendo que debido a su extensión de miles de páginas, el DR-Cafta ha sido leído por muy pocas personas y son aún menos, si no ninguna, las que tienen legítima autoridad para afirmar si el verdadero ganador en éste sería Nicaragua o Estados Unidos. Esto queda evidenciado por el deportivo proceso de votación que tomó lugar el día en que dicho tratado fue ratificado por la Cámara de Representantes norteamericana, obteniéndose un resultado de 217-215, estrecho marcador propio de un juego de final de la NBA. Tampoco fue fácil su aprobación por el Senado de Estados Unidos, donde se votó 56-44.

Lo que no logro concebir es que a pesar que Martínez destaca la complejidad y reconoce su abrumador desconocimiento del DR-Cafta, se pronuncie de manera vehemente en contra de éste, cuando para poder emitir una opinión responsable se necesita conocer a conciencia todas las condiciones establecidas por éste para cada uno de los sectores económicos afectados por el tratado y contrastarlos con un análisis minucioso de la situación actual de estos rubros tanto en Nicaragua como en Estados Unidos.

El dirigente de UNEN también aduce que el DR-Cafta sería perjudicial para las universidades, ya que las instituciones educacionales norteamericanas vendrían a querer echar mano del 6 por ciento constitucional. Respecto a esto, tengo que decirle que sus aseveraciones son totalmente descabelladas, ya que el 6 por ciento está destinado exclusivamente para las universidades públicas; y si ni siquiera las universidades privadas nicaragüenses como la Unica, UAM, UCC, etc, algunas de las cuales son cercanas a los círculos de poder político del país, intentan conseguir ese dinero, mucho menos que lo haga una universidad extranjera totalmente ajena a Nicaragua.

De hecho, si hubiesen universidades estadounidenses pretendiendo instalarse en Nicaragua, éstas igual lo harían con DR-Cafta o sin él, ya que al menos la mayoría de los centros de estudios superiores privados en nuestro país funcionan bajo la figura de “organizaciones sin fines de lucro”, por lo cual se encuentran exentas del pago de impuestos a como lo estarían las instituciones que quisieran venir de Estados Unidos cobijadas por el tratado de libre comercio.

En el hipotético caso que dichas universidades estadounidenses efectivamente se establecieran en Nicaragua, éstas a quienes harían competencia es a los centros privados y no a los públicos, ya que vendrían a atacar su población estudiantil y a competir en precio y calidad de aprendizaje. Cualquiera que haya pasado por la acera de una universidad estudiando y no quemando llantas, vehículos e incurriendo en demás actividades delincuenciales y politiqueras, sabe perfectamente que la competencia siempre beneficia al consumidor, que en este caso es el estudiantado y la sociedad nicaragüense.

Si bien es cierto que para Yasser Martínez el 6 por ciento y las universidades públicas constituyen un negocio, un medio de vida y una plataforma para una sonada diputación por el FSLN, esto no es así para los universitarios nicaragüenses, a quienes no les interesa si en Nicaragua existen más universidades privadas de las que ya hay con tal de tener la oportunidad de convertirse en profesionales. Incluso, estudiantes con mayores recursos que actualmente ingresan a las universidades estatales, podrían ahora optar por asistir a universidades provenientes de Estados Unidos al encontrar en éstas ofertas académicas más atractivas y dejarían sus cupos a estudiantes cuya única opción es una universidad pública. Además de esto, el tratado de libre comercio daría a nuestros centros de enseñanza superior mayor acceso a los avances científicos producidos por Estados Unidos en el sector educacional, algo realmente provechoso para el que tiene deseos de aprender.

Con esto no quiero decir que apoyo el DR-Cafta, sino que pretendo desmentir a quienes tratan de engañar y manipular a los estudiantes.

El autor es Ingeniero Industrial.

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