Katrina y sus enseñanzas inmediatas

Horacio J. Somarriba [email protected]

Los sofisticados medios de vigilancia y predicción meteorológica de Estados Unidos habían alertado de la ruta, fuerza e intensidad del huracán Katrina. Al parecer esta fase en el desarrollo del siniestro cumplió con su misión principal.

Asimismo se conocía, antes del impacto de Katrina, que los territorios que serían afectados son altamente vulnerables, como quedó demostrado. Muchos de ellos con una ubicación bajo el nivel del mar, rodeados de diques con centros poblacionales importantes, algunas de ellas consideradas entre las más pobres de EE.UU. y por tanto con pocas posibilidades de adoptar medidas de autoprotección. De lo anterior se desprende a simple vista que la población no estaba preparada, pero esto a su vez apunta directamente a las autoridades de los gobiernos territoriales y estatales en conjunto con todas sus instituciones (seguridad pública, ejército, salud, infraestructura, transporte, bomberos, salvamento-rescate y otros de ayuda y auxilio ante catástrofes) involucradas estrechamente en fases de respuesta, los que no estaban lo suficientemente preparados para un evento de tal importancia.

Es razonable pensar que el desarrollo de estos territorios les permitió disponer de estudios e información actualizada suficiente que soportan los planes de continencia y respuesta ante este tipo de escenarios. Es decir, planes (institucionales-gubernamentales) que dicen qué capacidades debe desplegar todo el aparato de instituciones (en recursos humanos y materiales) para ejecutar acciones, tanto de preparación (entrenamiento o simulacros y sensibilización), como de articulación y coordinación entre sí y con otros niveles territoriales (pública y privada) para reducir el impacto, en este tipo de escenarios (huracán F5 y las condiciones de la población, sus territorios e infraestructura).

Es obvio que estos planes (asumo que existen) no se revisaron, ni la población fue informada con todo el rigor necesario del caso. Incluso, si ya se sabía que sería imposible la evacuación, entonces los responsables directos para la protección de los ciudadanos ante la ocurrencia de desastres, debieron prever la ayuda, asistencia humanitaria, en conjunto con el orden público necesario (las fuerzas armadas) dentro de las primeras 48 horas una vez mermara el peligro. La última línea de defensa falló, lo que permitió una delincuencia en las calles y los macro albergues (muertes violentas, falta de agua potable, enfermedades y otros).

Esto ha sido un golpe sumamente duro para la administración actual de los EE.UU., dado que la prioridad es salvaguardar las vidas de sus ciudadanos, y eso no lo logró, teniendo los recursos del país más ricos del mundo. Existen países muy pobres donde ocurren eventos similares y no pasa eso.

La conclusión esencial del tránsito de Katrina es que los recursos económicos juegan un papel central para la protección civil exitosa, pero sin una organización, sensibilización, coordinación y preparación eficiente de las autoridades no sirven de nada. La voluntad política de impulsar procesos de planeamiento para la preparación y respuesta ante situaciones de desastres es básica. Los desastres en Nicaragua son menos ruidosos, pero de una importancia similar de manera proporcional con éste y otros ejemplos, por lo que es muy meritorio la reflexión de parte de nuestras autoridades en el tema (el Sinapred).

El autor es coordinador de la Oficina de Gestión de Riesgos del Centro Humboldt.

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