PLC no es la alternativa

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PLC no es la alternativa





Un mes y una semana después de que el embajador estadounidense, Oliver Garza, llegara a Nicaragua con la misión especial de persuadir a la cúpula del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), para que rompiera su asociación con el FSLN y pusiera fin al liderazgo caudillista de Arnoldo Alemán, aún no se ha informado nada oficialmente sobre las gestiones del enviado especial de Estados Unidos. Pero a juzgar por las declaraciones brindadas a los medios de comunicación social por los políticos nicaragüenses que se han entrevistado con el embajador Garza, particularmente los del PLC, todo parece indicar que sus gestiones no han sido exitosas.

En realidad, aunque es evidente que los caudillos del PLC y del FSLN han perdido gran parte de su influencia y control social —es decir, sobre las bases de sus partidos y sus clientelas electorales—, sin embargo ellos siguen ejerciendo un fuerte predominio sobre las estructuras intermedias y las cúpula de sus aparatos partidistas. “Le explicamos —al embajador Oliver Garza— que creemos en el caudillismo, que no podemos obviar a un Alemán que ha sido el líder (del PLC), así como Daniel Ortega ha sido líder en el Frente Sandinista”, declaró el presidente de ese partido, Jorge Castillo Quant, después de reunirse con el enviado especial estadounidense. (LA PRENSA, sábado 20 de agosto, 2005). “Es una cosa (caudillismo) que de las mentes de nuestros compatriotas no la podemos hacer desaparecer de la noche a la mañana”, le habría dicho Castillo Quant a Garza, según lo que relató (Castillo Quant). “Como liberal debería haber una solución, pero desgraciadamente no ha salido otro Alemán, como no ha salido en el FSLN otro Ortega”, justificó el presidente del PLC, según la misma información ofrecida por este Diario en la fecha antes mencionada.

De modo que, al parecer, el embajador Garza tendrá que olvidarse del PLC como posible alternativa democrática ante el peligro de que Daniel Ortega regrese al poder presidencial y que, además de volver a arruinar a Nicaragua subordine el país al eje revolucionario y antiestadounidense de la Venezuela chavista con la Cuba castro-comunista.

En todo caso, es a los mismos nicaragüenses a quienes les corresponde encontrar y respaldar una verdadera alternativa frente a los dos partidos pactistas que tanto daño le han hecho y le siguen haciendo al país con su asociación oligárquica y corrupta. Y, ciertamente, esa alternativa genuinamente democrática y confiable para ganar las elecciones nacionales del próximo año, tiene que forjarse alrededor de un partido o alianza de partidos comprometidos a que, después de conquistar el poder, desmontarán sin contemplaciones de ninguna clase toda la superestructura venal creada por el pacto libero-sandinista.

Es decir, que deben depurar y despartidarizar el Poder Judicial, el Poder Electoral, el órgano de control del Estado (Contraloría), la Fiscalía y las otras instituciones que han sido pasto de la devastadora corrupción partidista y pactista.

Ahora bien, si la cúpula del PLC ha sido co-creadora de la dictadura bicéfala corrupta que impera actualmente en el país, ¿cómo se podría esperar —aún en el supuesto caso de que quisiera y pudiera ponerle fin al liderazgo caudillista de Arnoldo Alemán— , que vaya a actuar en contra de lo que deliberadamente engendró con la cúpula orteguista del FSLN? Además, ¿acaso este engendro pactista no ha sido de gran provecho económico, material y político para la cúpula del PLC? ¿Por qué entonces los miembros de esa cúpula van a querer renunciar a una asociación y una actuación que tantos beneficios les ha proporcionado?

La gran mayoría de los ciudadanos nicaragüenses se han pronunciado ya, de manera categórica, tanto en las encuestas como en las marchas cívicas que se han realizado en Managua, el 16 de junio; en Granada, el 17 de julio; y ayer 28 de agosto en Chinandega, en contra del pacto y la corrupción. Es decir, mayoritariamente la gente ha marchado contra la obra nefasta del PLC y el FSLN y por una alternativa democrática frente a ellos mismos.

De manera que el PLC no podría representa y mucho menos liderar esa alternativa. Al contrario, el cambio democrático y moral que necesita Nicaragua tiene que pasar por la derrota electoral tanto del FSLN orteguista como del PLC arnoldista.

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