Apuntes de viaje

Juan Cambra Después de cuatro años de ausencia realicé mi sueño de viajar a Nicaragua desde Montreal. El viaje fue corto, pues duró solamente una semana. Viajé lleno de aventuras que comenzaron en San José, Costa Rica, donde un misterioso pájaro golpeó el avión de TACA que supuestamente me llevaría a mi natal Managua. A […]

Juan Cambra

Después de cuatro años de ausencia realicé mi sueño de viajar a Nicaragua desde Montreal. El viaje fue corto, pues duró solamente una semana. Viajé lleno de aventuras que comenzaron en San José, Costa Rica, donde un misterioso pájaro golpeó el avión de TACA que supuestamente me llevaría a mi natal Managua.

A pesar que el incidente ocurrió en horas de la tarde fue hasta las 11:00 de la noche que nos avisaron que finalmente el vuelo estaba cancelado y teníamos los pasajeros afectados que dormir en San José, muy amarga fue la experiencia de los nicaragüenses que al no contar con una visa tica se vieron obligados a dormir en las sillas del aeropuerto mientras el resto pasábamos la noche en un lujoso hotel con cena, desayuno y derecho a una llamada internacional incluidos.

Finalmente llegué a Nicaragua, y lo que golpea realmente es el repulsivo contraste entre la extrema pobreza de la mayoría de los nicaragüenses y la riqueza obscena de una minoría muy pequeña de políticos metidos a empresarios.

Paseándome por un conocido centro comercial me encuentro con camisas importadas a un costo de 65 dólares y en el momento en que me preguntaba quién podía comprar las dichosas camisas en un país donde el salario de un profesor es alrededor de 60 dólares al mes, observo que un rechoncho personaje de andar arrogante y acompañado de un guardaespaldas de aspecto patibulario y cabeza rapada, se compra tres camisas después de una breve escogencia, mi acompañante me explica que el cliente es un diputado de pasado oscuro conocido por su feroz defensa de un ex presidente cumpliendo condena por corrupción y que su apellido rimaba por una de esas paradojas que no escapan al ingenio popular con… riñones.

Como agua fresca en medio del sol implacable de la capital recuerdo a un chavalo que cerca de la Concha Acústica vende grillos hechos con palma y una chavalita que en Bello Horizonte se gana la vida vendiendo caramelos con una canasta en la cabeza más grande que ella misma, los dos representan para mí el ingenio y el espíritu de trabajo de una nueva generación de nicaragüenses que construyen un futuro mejor a pesar de que los políticos corruptos trabajan incansablemente día y noche por destruirlo.

Que Dios siga bendiciendo Nicaragua con estos chavalos trabajadores que no solamente son el futuro sino la esperanza de una patria que junto con Rubén Darío los nicaragüenses soñamos grande.

Nicaragüense residente en Montreal, Canadá.

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