Nydia Palacios [email protected]
“Buenos Aires, ¡Cosmópolis!”, dijo Rubén Darío y pese a la crisis económica que atraviesa la capital de Argentina es monumental. Sus inmensas avenidas y la belleza del Art Noveau de sus edificios siempre despiertan la admiración del visitante. Asistí durante una semana al XIV Congreso Internacional de Teatro invitada por el doctor Osvaldo Pellietteri, Presidente de la Asociación Argentina de Teatro, organización de la Universidad de Buenos Aires. Tuve la oportunidad de escuchar en una mesa la ponencia de la escritora Marta de París, donde presentó su último libro, sobre el teatro precolombino y sobre todo, estudia la importancia de El Güegüence, obra del mestizaje. Como era de esperarse, tomé parte al final de la sesión aclarando algunos aspectos y agregando otras características de nuestra pieza teatral.
El congreso tuvo lugar en el Teatro Cervantes, entre las calles Córdoba y Libertad, que es al mismo tiempo un verdadero museo donde se exhiben retratos de actores y actrices de comienzos del siglo XX, trajes, escenas, afiches y utilería empleadas en las obras clásicas y sobre todo del teatro argentino. Presencié una puesta en escena de la obra Volvió una noche, del teatro del absurdo, obra que se ha presentado en idioma checo y en finlandés. En las numerosas salas de teatro, un público entusiasta aplaude a los artistas nacionales o asiste a los cafés a gozar de espectáculos, sobre todo de la maravilla del tango bailado y cantado, ¡una experiencia inolvidable!
Por una semana, la capital de Argentina fue nuestro hogar, la calidez y atención esmerada e intercambios de libros y tarjetas de presentación, estrecharon más los lazos de esa gran familia de escritores hispanoamericanos. Nos sentimos como en casa abrazando a los amigos y amigas, disfrutando en los cafés y en los restaurantes de Puerto Madero, consumiendo deliciosos aperitivos y platos exquisitos. Caminamos en la famosa Avenida Central, paseamos por la avenida Corrientes, escuchando la voz incomparable de Carlitos Gardel, el zorzal criollo, que la inmortalizara en su tango A media luz, recorrimos la calle “Caminito” y contemplamos esas luces parpadeantes del Buenos Aires nocturno tan lleno de atractivos. Ante su Teatro Colón, La Plaza de Mayo, el Café Tortoni, sentimos un dulce sentimiento de añoranza del siglo XIX y XX, pletóricos de historia, de pujante progreso, de experiencia artística y literaria.
Luego partí a Bahía Blanca (allí estuvo Rubén Darío) en compaña de mi gran amiga, la doctora Nidia Burgos quien gentilmente me invitó a impartir una conferencia sobre las escritoras nicaragüenses en un período de cuarenta años, desde los inolvidables años sesenta. La doctora Burgos, catedrática de la Universidad del Sur, me presentó a la audiencia en la sala de conferencias de la Fundación Ezequiel Martínez Estrada, de la cual es presidenta. Al terminar mi participación, el público se interesó muchísimo por la poesía de nuestras escritoras y se lamentó que poesía de tan alta calidad, sea completamente desconocida en su país. Finalmente, nos despedimos con la esperanza de volver y con la nostalgia y profundo amor que quedaron plasmados en aquellos bellos versos del Canto a la Argentina de Rubén Darío que la llevaba siempre en su corazón:
¡Argentina, región de la Aurora!
¡Oh, tierra abierta al sediento de libertad y de vida,
dinámica y creadora!
¡Oh barca augusta, de proa
triunfante, de doradas velas!
De allá de la bruma infinita,
alzando la palma que agita,
te saluda el divo Cristóbal,
Príncipe de las Carabelas.
La autora es profesora de Literatura Española y Latinoamericana en Ave María College of the Americas