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Izquierda y DR-Cafta
Roberto Rourk
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Estados Unidos es uno de los países del mundo en donde los obreros reciben los salarios más altos, excelentes prestaciones sociales, seguros médicos, jubilaciones, y demás; por esto los productos americanos se encarecen y no son competitivos a nivel mundial. El gobierno se ve obligado a pagar enormes subsidios proteccionistas a ciertas industrias y a productores agrícolas y ganaderos para que no vayan a la bancarrota.
Por eso les resulta más rentable buscar nuevos socios comerciales que suministren mano de obra más barata para fabricar ciertos componentes no tecnológicos e importar millares de productos fabricados o cosechados en otras regiones, que producirlos ellos; entre éstos se encuentran, para suerte nuestra, unas cuantas cosas que por nuestro clima, tierras y facilidades producimos a precios más competitivos; por ejemplo: azúcar, textiles, cacao, carnes y derivados de la industria láctea, mariscos, café, tabaco, licores, frutas tropicales, enlatados, etc.
Además contamos con mano de obra ociosa, cientos de miles de conciudadanos desempleados o subempleados que con un tratado de esta naturaleza serían los beneficiados directos, o sea, los más necesitados. Nuestros empresarios contarían con más oportunidades de inversión, vendrían inversiones foráneas. Los turistas americanos que andan dejando sus dólares en países en donde hasta sus vidas corren peligro, necesitan nuevos, seguros y económicos destinos y se volcarían a nuestras playas y centros turísticos, que además les resultan más cercanos.
El gobierno contaría con más ingresos, vía impuestos directos e indirectos para ser utilizados en infraestructura productiva y obras sociales. El país entero contaría con mejores posibilidades y todos y cada uno de sus ciudadanos se beneficiarían.
Esto no es la panacea, el curalotodo para todos nuestros males, pero sí, para solucionar gran parte de ellos. Esto no conviene a los sandinistas que ven con malos ojos que el gobierno en otras manos progrese.
La izquierda americana tiene razones lógicas y valederas para oponerse a los tratados de libre comercio entre su país y otras zonas del mundo. Esto, sin duda alguna, deja sin trabajo a millones de americanos y se le proporciona a los trabajadores de otras áreas del mundo. Esto es de fácil comprensión, no necesitamos ser ni medianamente inteligentes para entenderlo. Si nosotros no aprovechamos estas oportunidades, otros las aprovecharán.
Lo que no comprendo es qué justificaciones tienen los sandinistas para oponerse tan vehementemente a este tratado. ¿Es que quieren proteger a los obreros americanos? ¿Nuestros productores no necesitan de ese mercado? ¿Nuestros hermanos nicaragüenses no necesitan esos empleos? ¿Quieren proteger nuestra industria? ¿Los sandinistas tienen mejores compradores secretos? ¿Tienen fuentes ocultas de trabajo para proporcionar ingresos a nuestra gente hambrienta? La respuesta a todos estos interrogantes es: ¡No!
La China comunista odia fervientemente a los americanos y su sistema, que es la causa del descalabro del suyo, sin embargo son sus más importantes socios comerciales. Lo mismo sucede con Rusia. ¿Es que ya no son comunistas? Es de sobra conocido su brusco cambio buscando el sistema capitalista de mercado. Así, por lo menos los chinos van saliendo rápidamente del subdesarrollo en que los tenía postrados su vieja ideología, y no es que hayan dejado de ser comunistas. Sólo cambian de táctica. Para llevar a cabo su sueño quimérico necesitan financiamiento proveniente de los países capitalistas. Esto ya lo habían previsto y escrito los ideólogos del comunismo.
Incluso Fidel Castro, más inteligente que estos aprendices, lucha tras bastidores por lograr comerciar con sus archienemigos. ¿Por qué nuestros comunistas criollos actúan de otra manera? Muy simple: no ven con buenos ojos que el país progrese con otro gobierno que no sea el de ellos. Piensan: “Si nosotros no pudimos, no permitiremos que otros puedan. Desgobernaremos desde abajo”. Para eso cuentan con el apoyo de los estudiantes y masas acéfalas, castrados de pensamientos propios.
Los sandinistas están seguros de su derrota en próximas elecciones y con su actitud sabotean la bienandanza de futuros gobiernos preparando desde ahora las bases para provocar inestabilidad económica, para que esto genere descontento popular, que es la materia prima, el combustible para atizar las llamas de sus asonadas, destrucción y muerte, que es lo único que saben hacer perfectamente, tenemos que reconocerles ese mérito.
Si las fuerzas sensatas del país no se unen —cosa improbable— ellos ganarían las elecciones. Su plataforma de gobierno —en ese remoto caso—, es muy sencilla: Vuelven al régimen totalitario-militarista-dictatorial gobernando por decretos y obligando con su antiamericanismo recalcitrante a provocar amenazas y acciones del imperio que les den las excusas para radicalizarse más y no volver a cometer el error de permitir elecciones libres.
Esta alternativa no es nada nueva para ellos. Es lo que siempre les aconsejó Fidel Castro, quien ha mantenido a su isla prisionera con este cuento de las amenazas del imperialismo por más de cuarenta y seis años. Pero los pseudo-revolucionarios de ese tiempo, en medio de su engreimiento y terquedad, endiosados de poder, no obedecieron a su mentor y permitieron elecciones libres que perdieron. Error que nunca más volverán a cometer si es que alguna vez vuelven al poder. Dios nos libre.
El autor es licenciado en Mercadeo y corredor de seguros, reside en California.