- Adolfo Olivas averiguaba la presencia de traficantes en su barrio
Elízabeth [email protected]
Uno de los cuatro prófugos buscados por la Policía Nacional desde finales de julio pasado, como los presuntos miembros de una red de narcotraficantes que pretendía asentarse en el país, habría estado en Estelí a principios de agosto sin que la Policía lo detectara, según conoció LA PRENSA.
La furtiva presencia del fugitivo en el barrio Estelí Heroico, fue del conocimiento del corresponsal de LA PRENSA, Adolfo Olivas Olivas, asesinado el pasado 14 de agosto, quien fue alertado por vecinos del lugar, dos días después de la publicación de las fotografías en una edición de LA PRENSA.
En la edición del 31 de julio, LA PRENSA publicó en su titular “Asoma gran red narco”, con las fotografías de cuatro de los sospechosos de integrar esa agrupación, según las circuló la Policía y a raíz de las cuales empezaron las llamadas anónimas amenazantes.
En ese momento la Policía demostró que las investigaciones sobre una avioneta enterrada en la comarca Samaria, en el municipio Villa El Carmen, a mediados de julio, llevaron a descubrir la existencia en Nicaragua de una red del narcotráfico internacional, cuyas pretensiones eran asentarse en el país a través de las llamadas empresas “de papel” o “de maletín”, pero también empresas reales.
En las fotografías aparecen en el orden: Freddy Luis Arango Cruz, Samuel Gutiérrez Lozano, señalado como el cabecilla de la organización y cuya identidad utilizada en Nicaragua aparentemente era Javier Carrillo Maestre y quien es cuñado de Arango; Fernando Joaquín Tapia y Byron Thomas Herrera Gil.
Se conoce que Olivas había profundizado en las investigaciones que presuntamente relacionaban a los Arango con el narcotráfico internacional.
TESTIGO RECONOCE A NARCO CIRCULADO
Uno de los testigos aseguró a Olivas que quien aparecía como tercero en la lista publicada (Fernando Joaquín Tapia Vanegas), de manera imprevista junto a otras personas “vestidas de saco y corbata”, visitó una casa del barrio Estelí Heroico, donde también habitaba el corresponsal de LA PRENSA.
Tapia y los otros desconocidos acudieron a una vivienda alquilada por un ciudadano colombiano, de quien los vecinos únicamente conocían que supuestamente trabajaba en una fábrica tabacalera.
Pese a que tras darse a conocer la existencia de la red de narcotraficantes, la Policía anunció que había circulado a los sospechosos a nivel nacional, ese día supuestamente Tapia pudo movilizarse hasta la ciudad norteña y apoyar al colombiano para trasladarse a otro domicilio.
COLOMBIANO “OPERABA” DE NOCHE
De acuerdo a vecinos, el colombiano no tenía mucha comunicación con el resto de lugareños. Frente a la casa que alquilaba permanecía una camioneta estacionada, de la cual al anochecer y cuando el barrio quedaba en silencio, se conocía que metía y sacaba “mercadería” y “bultos” que nadie sospechó podría tratarse de un ilícito.
Extrañamente, a los dos días que LA PRENSA publicó las fotografías de los cuatro sospechosos, el colombiano recogió sus enseres, en lo cual lo apoyaron los visitantes y entre ellos presuntamente estaba Tapita, sin que las autoridades locales sospecharan la presencia del prófugo.
Un amigo de Olivas recordó que éste le confió la preocupación por la presencia de supuestos narcos cerca de su casa. En las investigaciones de Olivas aparecía el interés por el aparente desarrollo que presenta la ciudad de Estelí, que se está caracterizando por grandes construcciones, pese a la difícil situación económica del país.
EXIGEN AHONDAR INVESTIGACIONES
Este lunes, hombres y mujeres de prensa participarán en un plantón frente a las instalaciones del Ministerio Público, para exigir a las autoridades de esa institución que se profundice en las investigaciones que permitan conocer cuál fue el móvil del crimen.
En las investigaciones realizadas inicialmente por la Policía de Estelí, no aparecen tres personas que podrían ser testigos claves y que están siendo abordadas hasta ahora.
Una de ellas es una testigo que el viernes fue entrevistada por las autoridades del Ministerio Público, quien por temor pidió omitir su nombre. La testigo presenció cuando Santos Roberto Osegueda Palacios mantuvo encañonado a Olivas y posteriormente le disparaba por la espalda.
La testigo expresó que la madrugada del 14 de agosto se encontraba en su casa, cuando escuchó un disparo y el grito de un vecino a quien identificó como Luis Benavides, quien decía: “¡Mataron a Adolfo!”, por lo cual de inmediato salió a la calle para saber lo que sucedía.
TESTIGO VIO CUANDO LO MATARON
Al llegar al sitio donde se encontraba la víctima junto a Osegueda, el sospechoso amenazaba a Olivas con una pistola en el costado derecho. La testigo señala que en el lugar se encontraba otro vecino de nombre Edgard Palma Briones, acercándose ella a tres metros de distancia de donde permanecía la víctima y desde donde podía observar el arma con la que Osegueda amenazaba a Olivas.
“¿Qué pasó Adolfo?”, recordó la testigo que preguntó a la víctima, pero el ahora procesado condujo al periodista encañonado hasta unos 25 metros de distancia, por lo que ella los siguió. Olivas quiso quitarle a Osegueda el arma con la cual le estaba apuntando, ambos forcejearon; la víctima sujetó la mano derecha donde su agresor empuñaba un arma y es cuando salió un disparo al aire.
Tras la detonación la víctima “da la vuelta de espaldas al acusado Roberto Osegueda, cuando éste le propinó dos disparos por la espalda”, señala la testigo en su declaración ante la Fiscalía. En ese momento Osegueda huyó del lugar, por lo cual la testigo pidió a Palma que siguiera al victimario. Al mismo tiempo Olivas se desplomaba y musitaba: “Me pegaron”.
AL PRINCIPIO NO LA TOMARON EN CUENTA
Otros de los testigos que la Policía no tomó en cuenta al inicio de las pesquisas fue a Joel García y su esposa Georgina Guadalupe Rodríguez, la pareja con quienes Olivas y José Ignacio Castellón permanecieron la noche del sábado y amanecer del domingo, en tres sitios diferentes de la ciudad. Ambos son mencionados en la declaración de Castellón.
A Rodríguez la abordaron hasta el viernes que ella se presentó a entregar el celular de Olivas a la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH).