Luis Sánchez Sancho
La mitología griega y romana está poblada de dioses y demonios, de deidades bellísimas y bondadosas y monstruos horrendos, feroces y sanguinarios.
Entre los muchos seres monstruosos que hay en la mitología griega, Quimera es uno de los más conocidos, o al menos bastante mencionado de manera directa y en sentido figurativo.
Los antiguos griegos imaginaban a Quimera como un monstruoso ser que tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. Cuando estaba furioso, lo que ocurría con mucha frecuencia, Quimera vomitaba fuego por las fauces para destruir a quien se le pusiera enfrente. Finalmente, después de hacer muchísimo daño, Quimera fue muerto por Beleforonte, como se llamaba uno de los héroes legendarios más aguerridos de la antigüedad y quien pareciera haber inspirado la historia de San Jorge (Sant Jordi, para los catalanes) derrotando al fiero dragón infernal.
El padre de la Quimera fue Tifón, otro ser monstruoso que era hijo del Infierno y de la Tierra, tenía cien cabezas de dragón, echaba fuego por los ojos y con los brazos abarcaba a todo el mundo, hasta que Zeus, armado con una hoz de diamantes lo mató y sepultó en el interior del monte Etna, en Sicilia. Y la madre de Quimera fue Equidna, quien también parió otros monstruos, como el can Cerbero (que guardaba las puertas del Infierno), el dragón de la Cólquide (que cuidaba el Vellocino de Oro), la Esfinge, las Gorgonas, la Hidra de Lerna y el León de Nemea. Y vivía Quimera en el Tártaro, un lugar siniestro y oscuro que se encontraba equidistante del Cielo y de la Tierra y a donde eran confinados los monstruos, los parricidas y en general todos los condenados por ser extremadamente malos.
Como la palabra Quimera significa en griego “macho cabrío”, algunos estudiosos de la mitología consideran que posiblemente este mito se originó en las andanzas de un bandido que habría existido realmente, y que usaba como símbolo la figura de ese animal. Tal bandido habría sido vencido por algún guerrero excepcionalmente valiente, lo que diera origen a la leyenda de Belerofonte matando a la Quimera, y luego de San Jorge dando muerte al dragón infernal.
Belerofonte era hijo de Poseidón (el dios de los mares), y se le dio ese nombre siendo ya mayor porque en una cacería mató accidentalmente a su hermano, Belero. Belerofonte huyó a Corinto, donde el rey Preto le dio refugio. Pero la reina Estenobea se enamoró de Belerofonte y quiso seducirlo, y al ser rechazada lo acusó de que había intentado violarla. Preto quiso castigar a Belerofonte dándole muerte, pero no podía hacerlo porque la ley griega prohibía matar a un huésped o refugiado.
Entonces Preto envió a Belerofonte a Licia, donde reinaba Yobates, el padre de Estenobea, quien le ordenó cumplir varias tareas extremadamente peligrosas —para que muriera en el intento—, entre otras la de matar a Quimera, al que muchos habían intentado vencer y todos habían muerto en el empeño.
Sin embargo Belerofonte se auxilió de Pegado, el fabuloso caballo blanco alado, para matar a Quimera, y como premio por ésta y otras hazañas Yobates le concedió la mano de su hija menor. Y así Belerofonte llegó a ser príncipe de Licia.
Con el transcurso del tiempo y hasta ahora, la palabra quimera se usa metafóricamente para referirse a algo que es propuesto como real o posible, pero que realmente es imposible conseguirlo porque no existe. Por eso se habla de la quimera del oro, o la quimera del socialismo, por ejemplo.