Ana Chamorro de Holmann
Tres ejemplos vivos de la avaricia publicó tan sólo en un mismo número, el Diario LA PRENSA, el domingo 7 de los corrientes.
Existen muchas formas de avaricias y otras debilidades que se apoderan del ser humano desde que el mundo fue creado y el hombre existe. Estas clases de vicios las observamos con más frecuencia a través de las páginas de la historia de los pueblos y actualmente en Nicaragua:
El caudillismo, persistente y dominante sobre todo derecho legal. El absolutismo y continuismo en el poder. El acaparamiento de las riquezas de cualquiera y a cualquier costo, sea de donde sea, del erario y del Estado, o por “negocios” u “oportunidades” que se le presentan en sus puestos públicos.
Todas estas situaciones tienen sus consecuencias y castigo. Hemos visto el castigo en algunos casos, y en otros casos no se hará esperar.
Nicaragua ha sufrido durante este período gubernamental una severa crisis por falta de gobernabilidad, esto como resultado del pacto entre los dos caudillos: Alemán y Ortega. El primero, que a pesar de haber sido advertido que no podía haber dos soles en un mismo cielo, ni dos tigres cazando en la misma colina, en una clara alusión a dejar en libertad de actuar al nuevo Presidente para cumplir su misión.
El otro pactista cumple su promesa hecha al ser derrotado en las elecciones de 1990. Esta promesa, que sigue cumpliendo al pie de la letra, es la de «gobernar desde abajo», con las consecuencias que en la actualidad está sufriendo nuestro país ¿Hasta cuándo y hasta cuánto? Será hasta que el pueblo decida desde las calles.
El mismo Álvaro Somoza Urcuyo, en su entrevista publicada el domingo 7 de agosto en este Diario, reconoce la avaricia del poder en clara alusión a su propia familia Somoza: «Creo que mi familia, con excepción de mi padre, sufría de un mal que mucha gente sufre en el poder. No supieron en su tiempo definir una estrategia de salir del poder. Es humano, comprensible y creo que hay ejemplos en todo el mundo. El poder es un tremendo afrodisíaco». Y sigue confirmando: «Yo no quería que él (Anastasio Somoza Debayle) siguiera siendo Presidente porque me exponía. Y me hubiera evitado sufrir». Él dice haberle advertido a su tío y relata: «Cuando a él le da el infarto en 1977, en Montelimar se lo dije como sobrino: «Tío, este es el momento perfecto para que usted se retire de la política, si no lo van a matar o le van hacer la vida imposible». Quizás el General tomó en cuenta el consejo de su sobrino, considerando su retiro, hasta se dijo de algunos posibles candidatos a reemplazarlo, pero llegaron los serviles y aduladores, los que gozaban de las coimas y beneficios que brindan los poderosos a quienes los rodean, y le recordaron: ¡Usted es el máximo «líder»! ¡Usted es «el hombre»! «¡No te vas, te quedás!» Y todos sabemos lo que pasó.
Todos los males por los que ha pasado Nicaragua a través de su historia han sido por el empecinamiento de la reelección.
Una leyenda real publicada en la página Religión y Fe, del mismo domingo 7, relata la historia de tres busca-oro, quienes al juntar su botín quisieron celebrar el acontecimiento con pan y vino. Entonces mandaron a uno de ellos a comprarlo y, mientras éste iba a buscarlo, los dos que se quedaron cuidando del oro planearon matarlo para quedarse con el tesoro. Al mismo tiempo, el tercero pensó lo mismo y envenenó el vino para quedarse él solo con el oro. De este modo murieron los tres, víctimas de la avaricia. El vicio de la sed inagotable del oro es la misma sed insaciable del poder. Pero nadie aprende por las experiencias ajenas aunque sí aprenden de las mañas de padre a hijo. Y otros que las imitan y las copian a la perfección.
Es más feliz un pueblo con un hombre que ostenta una buena fama, que hace honor a su buen nombre, que mantiene su conciencia tranquila, que se enorgullece de su honestidad, que guarda sus principios cristianos y proclama y practica los valores. Es mejor el que practica todo estos valores que quien se sienta en una silla, aunque esta silla sea de oro.
La autora es colaboradora de la página de Opinión de LA PRENSA.