Hortensia Rivas Zeledón
En la década de los setenta del siglo pasado, a pesar que la situación económica del país era buena el pueblo quería un cambio de gobierno porque el régimen somocista era totalitario y corrupto, no había libertad de expresión ni respeto a los derechos humanos.
Los nicaragüenses querían que hubiera un gobierno democrático, respetuoso de las libertades y derechos ciudadanos. Esto fue aprovechado por el FSLN, que estaba constituido por aventureros ansiosos de riquezas y de mando, quienes por medio de las armas se hicieron del poder e impusieron un régimen más cruel y corrupto que el anterior, lo que ocasionó que cientos de miles de nicaragüenses buscaran paz, libertad y progreso en tierras extrañas, otros nos quedamos para enfrentar la tiranía comunista y lograr el cambio que los nicaragüenses anhelaban.
El 25 de febrero de 1990, el 54 por ciento de los electores votó por el cambio, por la democracia, la paz y la libertad, contra la corrupción, la guerra y la represión pero con el contubernio disfrazado de reconciliación le escamotearon al pueblo el cambio que se le prometió en la campaña electoral.
Para las elecciones de 1996 la propaganda de Arnoldo Alemán decía “el cambio viene Arnoldo te conviene”, “no desperdicies tu voto”, “sólo Arnoldo aniquilará a los sandinistas”. Pero Alemán estaba atado por los robos que él, sus concejales y su camarilla habían perpetrado en la Alcaldía de Managua por lo que tuvo que pactar con la cúpula del FSLN para encubrirse mutuamente los robos y repartir los cargos de la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General de la República y el Consejo Supremo Electoral entre los miembros más fieles a los capos del PLC y del FSLN. Esto produjo más corrupción y perversión en esas instituciones.
En el año 2002 el Presidente de la República, don Enrique Bolaños, emprendió una ardua lucha contra la corrupción en la que ha encontrado demasiados obstáculos, porque el pacto entre los corruptos ha impedido que se castigue a los culpables y porque muchos de los que deben apoyar la lucha contra la corrupción no lo hacen.
Este año decenas de miles de nicaragüenses han marchado en tres ocasiones para patentizar su repudio al pacto y a la corrupción y por un verdadero cambio, las personas que han marchado están cansadas de políticos carentes de valores, astutos, cínicos y codiciosos que sólo se acercan al pueblo para engañarlo, aprovecharse de su ignorancia y su miseria y ellos llegar al poder para enriquecerse tal como lo hicieron los Somoza, los sandinistas y Alemán y su camarilla. Pero esa clase de políticos que pretenden continuar con las mañas del pasado son cada día más rechazados por el pueblo.
Lo que se necesita urgentemente es políticos y partidos modernos que respondan a las exigencias de la época actual, que practiquen la democracia interna, con líderes electos por las bases de sus partidos y que estén convencidos de la importancia de la honradez y la transparencia en la gestión pública, del deber de servir al pueblo y no servirse de él.
Nicaragua y los nicaragüenses merecen una nueva clase de políticos con nuevos paradigmas que posean valores éticos y principios democráticos que sean veraces, honrados, sinceros, emprendedores y solidarios, capaces de conducir el país hacia el desarrollo económico y social, que consoliden la democracia y continúen el avance económico que con tanto esfuerzo ha iniciado este gobierno y le devuelvan al pueblo la esperanza de un país mejor para todos, para lograr eso es necesario que cada quien cambie desde adentro y lo haga de verdad, de lo contrario Nicaragua se convertirá en un país miserable y desesperanzador, como los países africanos más atrasados.
La autora es directiva del Partido Conservador.