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El último eslabón
Douglas Carcache
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Preocupado, un nicaragüense que vive en San Francisco, California, me dijo que su generación es el último eslabón de los emigrantes que todavía pueden asegurar una cadena de inversiones en Nicaragua, que es lo que más necesita hoy el país.
Los economistas suelen afirmar que las remesas familiares, como fuente de divisas para un país, tienen un límite que lo marca el fin de la vida laboral de la generación que emigró y mantuvo un vínculo estrecho con su patria y los parientes que dejó en ella.
Sus descendientes, nacidos o criados en el extranjero, en este caso en Estados Unidos, crecerán sin pensar en envíos de remesas porque no han dejado a nadie atrás, en la tierra de origen, y su relación con ésta será leve, de referencia o de uno que otro paseo.
Lo que quiso decir Carlos Solórzano Cuadra, el nica que vive en San Francisco, es que la historia puede ser distinta si, antes que las remesas empiecen a menguar, los emigrantes veteranos en Estados Unidos siembran semillas empresariales en Nicaragua e involucran a sus hijos educados en Norteamérica para que éstos las hagan crecer y se conecten más, de una forma productiva, a la tierra de sus padres.
“Nosotros somos el último eslabón y tenemos que integrar a nuestros hijos”, comentó Solórzano, quien llegó a Estados Unidos hace 40 años, comenzó a trabajar como jornalero, estudió y ahora es un profesional con su propia empresa. “Algunos estamos por retirarnos (jubilarnos) y podemos aprovechar eso para ir a invertir a Nicaragua”, insistió.
Su idea es buena, aunque afronta un obstáculo: Los nicaragüenses en el exterior son vistos como extranjeros por el Estado de Nicaragua. Este país ha subsistido en los últimos años gracias a una inyección anual de más de 800 millones de dólares en remesas familiares, pero el Consejo Supremo Electoral (CSE) se resiste a entregar la cédula de identidad a los emigrantes que mandan puntual ese dinero a sus parientes.
Durante el año 2004 el turismo le dejó a Nicaragua 166.7 millones de dólares, colocando a este rubro en primer lugar como generador de divisas del país, sólo superado por las remesas familiares que para el Estado son cuenta aparte al momento de enumerar los ingresos nacionales por producción y servicios.
Sin embargo, resulta que casi la mitad de los turistas que están llegando a Nicaragua, procedente de Estados Unidos, son nicaragüenses residentes en la nación norteamericana que van a pasear a su tierra natal y gastan, como los turistas extranjeros, contribuyendo de esa otra forma con la economía del país.
Más de 76 mil turistas entraron a Nicaragua desde Estados Unidos en el primer semestre de este año y eso indica que al menos 35 mil eran nicas. Las visitas han aumentado porque de enero a junio del 2005 llegaron 12,837 más (20%) que en el 2004.
Si uno de estos nicas del exterior se entusiasma, al estar en su tierra después de varios años, y decide abrir aquí una cuenta bancaria o inscribir un negocio pequeño, se topará con la decepción de que, por no portar la cédula nicaragüense, no podrá hacer ninguna de las dos cosas.
Aunque suene ridículo, este país necesitado de inversiones le cierra las puertas a los ciudadanos que más le pueden ayudar, los que han hecho capital en el exterior, en vez de atraerlos con incentivos.