Edgard Rodríguez [email protected]
Roman, Times, serif»>Zona de strikes
Lo vamos a extrañar
Edgard Rodríguez C.
[email protected]
Aún estaba en Condega cuando vi por primera vez el nombre de Adolfo Olivas en un periódico. Hará quizá unos veinte años. Y como se trataba de un norteño, igual que yo, pronto sentí cierta identificación con él, aunque llegué a conocerlo muchos años más tarde.
Pero más que una identificación regional, aprecié su espíritu de servicio, su afán de superación y su voluntad para trabajar bajo cualquier circunstancia, incluso en situaciones en las que su vida corría peligro.
Ahora, no estará más Adolfo Olivas. Cierto, vivirá en el recuerdo, pero lo vamos a extrañar. Le han arrebatado su vida a través de un par de disparos cuyos motivos aún están cubiertos por cierta nebulosidad.
A LA PRENSA le han despojado de uno de sus mejores corresponsales, al gremio periodístico de uno de sus mejores exponentes, a su familia del principal soporte, y a quienes le conocimos de cerca, de un gran ser humano al que tenemos que imitar.
Comprobamos su espíritu de servicio a través de sus preocupaciones traducidas en artículos en los cuales denunciaba todo lo que afectaba a las comunidades segovianas, incluyendo despales, narcotráfico y contaminaciones.
Apreciamos su afán de superación cuando puso todo su empeño hasta coronar su carrera mediante un enorme sacrificio y luego estudió Derecho, para más tarde viajar al extranjero a pulir sus habilidades.
Vamos a extrañar su pasión por el Real Estelí, y esa voluntad y sencillez que siempre mantuvo como sus cartas de presentación.
Aún no hay un informe oficial de la Policía, mientras las especulaciones se multiplican. Pero el punto es que nada justifica arrebatarle la vida a una persona. Está incluso establecido en los mandamientos de la Ley de Dios.
Sin embargo, ahora nos queda a todos sobrellevar esta lamentable pérdida, mientras aprendemos a ser más tolerantes pese a las diferencias que tengamos.