Melvin Sotelo
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Megasalarios de los diputados
Melvin Sotelo
Los diputados ganan 100 veces más que el per cápita nacional. Es inaceptable e inmoral que su salario bruto redondee 70 mil dólares anuales sin contar con los beneficios adicionales (viáticos, dietas, seguro médico, 200 galones de gasolina y pago de oficina, se incrementa a 109 mil dólares), en tanto que el salario per cápita anual apenas llega a 700 dólares.
Mientras estos salarios se cotizan entre los más altos de Latinoamérica, Nicaragua comparte con Haití el sótano de la pobreza. ¿Cómo se puede explicar que en un país donde hay tanta pobreza, los diputados que se supone están para servirle a la Patria, acumulen tanta riqueza? En estas circunstancias la Ley de Salarios es totalmente vulgar.
Los pactistas están burlando al Plan Nacional para la Reducción de Pobreza, acordado como guía para determinar las prioridades nacionales para el desarrollo e instrumento para orientar la cooperación internacional.
La dictadura sangrienta y corrupta de Somoza se caracterizó por una distribución de la riqueza que favorecía a las élites. A pesar de ello, el salario de los maestros era cuatro veces menor que el de los diputados. La discrepancia entre los ricos y los pobres es un indicador del subdesarrollo de un país y también de democracia. Sin embargo se evidencia que los diputados actuales, llámense Azul y Blanco, del FSLN, PLC o conservadores, son más corruptos que los de la dinastía y se empeñan por profundizar la desigualdad económica y social.
La desilusión más grande es la posición de los diputados sandinistas, y más aquellos que son líderes sindicales, que dicen defender los intereses de la clase obrera, los maestros, médicos y los desposeídos. Vale la pena recordarles, por si perdieron la memoria, que un principio de la revolución fue la justicia social.
En un país donde un médico y un maestro de secundaria tienen un ingreso de apenas 100 dólares, que es el más bajo de Latinoamérica, y con formación académica mayor que muchos diputados, es injustificable que el salario de éstos sea 43 y 70 veces mayor, en vez de 4 como en el tiempo de los Somoza. O sea, mientras los diputados pueden comprar 200 a 250 canastas básicas, los primeros no llegan siquiera a comprar una. Mientras ellos mueren de hambre, los diputados se llenan la barriga.
Los maestros y los médicos trabajan dobles jornadas para poder redondear el magro ingreso, los diputados trabajan la mitad de la jornada y se recetan largas vacaciones de medio y final de año que les facilita a muchos dedicarse a los negocios particulares, además que aprovechan los puestos y las influencias para favorecer sus intereses privados.
Los maestros y médicos sirven al país por formar generaciones y salvar vidas humanas. En cambio, muchos diputados le sirven al caudillo (los diputados del PLC han dedicado su tiempo, pagado por nuestros impuestos, para defender a un acusado por saquear al Estado) correspondiente y con sus ya jugosos salarios privan a la niñez y la adolescencia de una mejor educación y salud. Pues del mismo cuero salen las coyundas.
Importancia de ser eficiente y de rendir cuentas. Cualquier reclamo por un aumento se debe justificar en términos concretos de contribución al desarrollo democrático del país en sus dimensiones políticas y socio económicas. Con esta propuesta abominable, no queda más como ciudadanos que cuestionar el mero concepto de democracia y desarrollo que supuestamente defienden los diputados. Si se proclaman servidores públicos, en vez de auto recetarse un aumento salarial, deberían, en correspondencia con la pobreza del país, ser más económicos, eficientes, eficaces y demostrar resultados a nivel individual y colectivo. En consecuencia, los diputados deben cortar por la mitad: el salario, la cantidad de representantes, suplentes, asesores, secretarias y todas las extras que reciben. Asimismo, deberían recortar a la mitad la cantidad de magistrados tanto del Poder Judicial como del Electoral, eliminar las superintendencias, nombrar un solo contralor.
Finalmente, ellos son 91, por lo tanto, dado que son puestos políticos y no técnicos, es necesario que se haga un escalafón de salario conforme las capacidades profesionales de cada diputado. En el caso de los magistrados y ministros es normal que ganen más, sobre todo cuando éstos están en esos puestos porque son personas altamente calificadas, pero tampoco exageraciones. Por último, los diputados deben rendir cuentas y estar al servicio de sus electores y no de los caudillos.
El autor es sociólogo.