Totalitarias “fuerzas democráticas”

Alejandro Serrano Amara

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Totalitarias “fuerzas democráticas”


Alejandro Serrano Amara




Con el fin de los varios conflictos bélicos en nuestra historia nacional y la consolidación del proceso democrático en nuestro país, que contó con la participación de la totalidad de las expresiones políticas e ideológicas legalmente inscritas en las elecciones generales de febrero de 1990, y durante las dos elecciones subsiguientes, 1996 y 2001, se ha venido repitiendo en nuestro país insaciablemente, hasta convertirse en un maniqueísmo de corte demagógico, un discurso excluyente de uno y otro lado.

Es decir, cada bando descalifica al adversario sacando a relucir los defectos, errores, e inculcando en la imaginación del electorado sentimientos como el temor, el odio, la desesperación y hasta la ansiedad. Vivimos pues en un país esquizofrénico, en la medida que nuestros “líderes” recurren a los traumas nacionales para atraer adeptos a la causa de moda, al candidato de turno o simplemente contra el adversario, sin importarles el mal mayor que están profundizando.

En mi opinión, esta repetitiva y agotadora situación se debe a múltiples factores y variables, entre las que puedo identificar: i) la carencia de líderes verdaderos, ii) la intolerancia generalizada, iii) la falta de visión de nación, iv) el enfoque constante de los y las nicaragüenses en la falta de optimismo y en la negatividad.

En cierta ocasión mientras asistía a una conferencia en el exterior escuché una definición que rápidamente cautivó mi atención acerca de lo que significa ser un líder. El conferencista describió el término expresando que un líder es toda aquella persona que tiene un sueño, una visión, en la cual cree firmemente, desde lo más hondo de su ser, desde la médula, y la comparte irradiándola y transmitiéndola a los demás de forma tal que siguen esa visión aportando nuevas luces a la misma, de manera consciente y voluntaria, porque la han hecho suya. Es así que florece y da frutos: deviene realidad.

Me pregunto: ¿Hemos escuchado a algunos de nuestros “líderes”, del sector ideológico que sea, transmitirnos un sueño, una visión, que no se comprometa obligatoriamente a pasar por la descalificación del oponente para justificar su razón de ser ?

Me parece que todos los nicaragüenses sin excepciones tenemos visiones y sueños en los que creemos firmemente, somos líderes potenciales. Creo, además, que nuestras visiones convergen en un fruto único que es el amor a nuestra Patria, ese país que todos anhelamos: grande, próspero, tal y como queremos legarlo a las generaciones presentes y futuras, quienes habrán de izar nuestra bandera (no la de ningún partido político), y entonar las notas de nuestro himno nacional, con orgullo, sentido de identidad y respeto verdadero.

Para ello debemos disponernos a aprender, tolerar y mejorar; evolucionar nuestra cultura política en el sentido que no sigamos descalificando a nuestros adversarios, ni anulando el aporte hecho, nos guste o no, por el solo hecho que el otro piense de manera distinta o nos sea inconveniente a nuestros intereses.

El fin ya no puede seguir justificando los medios en Nicaragua. No podemos seguir borrando el aporte que cada nicaragüense, sea de la ideología, estrato social, género, religión que desee ser, haga a esa visión o sueño, que se complementa con nuestro granito de arena, que es dinámico, de conjunto y contribuye paso a paso, día a día a la construcción de una nueva realidad.

Hoy como nunca antes, y frente a la postración nacional en la mayoría de las esferas de la vida en las que nos encontramos atorados, la realidad nos exige ser incluyentes, ser líderes cada día y pasar a como diría Octavio Paz, ese gran monumento del pensamiento mexicano, hispanoamericano y universal, de esta dolorosa adolescencia a la madurez política y social.

Entonces habremos entendido que el país nos necesita a todos.

El autor es Ingeniero en Computación.

Editorial
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