William Galo P
Después de consultas y de pensarlo mucho tiempo, decidí escribir el presente comentario a un artículo que fue publicado en LA PRENSA del 8 de mayo 2005, edición No. 23803 sobre la experiencia de la joven señora Karen Rodríguez, abogada, originaria de Condega, titulado: El Espíritu Santo impactó mi vida.
Karen era catequista entregada a las actividades doctrinales de la Iglesia Católica, trabajando arduamente en la evangelización de niños y jóvenes, sin embargo dice que en su vida había un vacío que espiritualmente no le permitía crecer. A pesar que se entregó a servir con fidelidad, su vida no experimentó ningún cambio, hasta que escuchó la prédica de un pastor evangélico con la que, asegura, el Espíritu santo impactó su vida. «Realmente necesitaba ese mensaje «dice ella. Finalmente cambió de doctrina por una «sed de cambio espiritual» dice en resumen el artículo mencionado.
Con frecuencia escuchamos que miles de feligreses católicos a nivel de Latinoamérica se pasan a doctrinas evangélicas, y lo experimentamos con amigos, con gente que conocemos, pero no escucho que la corriente sea también al revés, y no es que las doctrinas evangélicas no sean buenas, son cristocéntricas, además debemos respetar las creencias religiosas de cada quien. Tampoco es que éstas doctrinas no tengan sus problemas internos entre sus miembros, los tienen. Quieren cambios en las formas. Pero bien, dejemos que ellos se ocupen de resolverlos.
Particularmente quiero y respeto mucho a la Iglesia Católica a la que pertenezco y nada me hará cambiarla, pero tengo que admitir que tenemos que mejorar en la transmisión del mensaje de la Palabra de Dios, en instruir a los feligreses en el conocimiento de Dios, de la Liturgia. En una sola palabra en catequizar. Es la palabra clave. Debemos entonces para eso aprovechar la Santa Misa que es el evento más importante de la religión católica, el acto más sublime de amor del hombre para Dios y es donde asiste o donde se reúne el mayor número de miembros, para poco a poco instruirnos en el mayor conocimiento de Dios y sus promesas a través de la explicación de los diferentes pasajes de la Biblia, del significado y mensaje que tienen para nuestra vida cotidiana.
Actualmente la gente está ávida de un mensaje de esperanza, de escuchar: ¡Hermano, Dios te ama! No desmayes. Él está contigo en tus problemas. Confía en Él que te conoce personalmente desde antes que nacieras. Él te mira con ojos de misericordia, ¡Pídele! Y enseñémosles cómo se le pide al Padre, enseñémosles cómo orar. No limitemos la Misericordia del Señor sólo a la promesa de una vida eterna. Él actúa ya, desde aquí en tu vida y necesidades cotidianas, pero, tienes que conocerlo. ¡Tienen que enseñarte a conocer su inagotable riqueza de amor!
Es cierto que hay grupos dentro de la religión católica que han avanzado mucho en el conocimiento de Dios, pero son un pequeño porcentaje privilegiado de la población católica. Privilegiado porque han recibido el conocimiento casi de una manera personalizada y hasta cierto punto se perciben como círculos cerrados y quizá no sean suficientes en número para fermentar. Creo que la acción tiene que ser masiva, dirigida con mensajes que cambien actitudes y que vayan mejorando el actuar de cada uno en nuestra vida diaria, mensajes tan impactantes como el perdón, la caridad, la misericordia, la compasión, la respuesta de Dios a la oración, el precioso pasaje que dice clama a mí que Yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces.
Obviamente que esto exige preparación. Tiempo dedicado a la lectura, a preparar con muchos días de anticipación. Por supuesto que esto se está haciendo en algunas parroquias, pero necesitamos hacerlo en todas.
Por otro lado cabe preguntarse: ¡Qué estoy haciendo yo como católico? ¿Asisto de una manera pasiva a la Santa Misa? ¿Contribuyo de alguna manera o con mi testimonio, a que los fieles salgan de la Santa Misa con nuevas esperanzas, con nuevos conocimientos para empezar una nueva semana fortalecidos con las promesas de Nuestro Señor?
El autor es Ingeniero Agrónomo