Lourdes Chamorro César
Anoche tuve un sueño sobre Jorge. Soñé que Jorge llegaba a las puertas del cielo y San Pedro lo esperaba. Antes de que Jorge llamara a la puerta, ésta se abre y San Pedro quiere saludarlo, o decirle algo, pero Jorge no lo deja. Jorge comienza a hacerle miles de preguntas: ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Quién sos vos? ¿Por qué ya no me siento ma? ¿Dónde está Mario Paisano? ¿Cómo es esto? ¿Cómo vine aquí? Tengo que despertar. ¿Eerá que me estoy volviendo loco de verdad? Púchica… ¡Ya sé quien sos! ¡Pero no puede ser! Si hoy en la mañana estuve en la televisión con la Rhina Cardenal y ni siquiera he escuchado los comentarios.
Se pasea Jorge por el umbral de la puerta y San Pedro hace un gesto con las manos como calmándolo. San Pedro quiere decirle algo, pero Jorge no lo deja: no puede ser, decíme hombre que estoy soñando… ni siquiera me despedí de mi hija… ella llegó y yo estaba descansando para supuestamente levantarme bien por la mañana. Y estoy esperando la llamada de mi amigo; le dejé un mensaje; necesitaba hablar con alguien y sé que mañana me iba a contestar la llamada.
¿Y mi trabajo? Bueno, he estado esperando una cita para un nuevo contrato ¿Será que ésta vez sí es de verdad? Ya me hace falta. ¿Y los planos de mi casa? Ya los tengo listos; sólo me falta reunirme con el arquitecto para definir ciertas cosas. ¿Y mi viaje a Guatemala? ¡Ya tengo el boleto!
¡Púchica San Pedro!
Se pasa Jorge los dedos de la mano sobre su cabeza; la mueve para un lado y otro y se sienta en una banquita pintada de oropel situada contra una de las murallas de la entrada del cielo. San Pedro lo quiere calmar, decirle algo, pero Jorge no lo deja. Se para enfrente de San Pedro y le dice: Hey maje: ¿Y mi lucha junto a la del Churruco? ¿Y mi nuevo escrito que no he publicado?
¿Y la boda del Gordo con la Luchi? Yo no me puedo perder de eso. Además estoy joven y de aca… perdón, perdón, San Pedro; y no le di un beso en la pelona a mi viejito pelón. Y no le dije a mi Lila T. que los últimos nacatamales que hizo estaban buenísimos…y el pedido de libros que hice para Valeria, del Discovery Chanel… San Pedro lo interrumpe por fin: Hijo mío, no te agobies. Entra y relájate, ¿quieres algo de tomar? Sé que te gusta el whisky de malta y el carpaccio de salmón. Vamos. Tomemos algo y platiquemos. No tienes de qué angustiarte. ¡Tú no estás muerto! Nunca lo estarás, al contrario. Mira allá en la tierra, mira cómo vives en cada uno de los seres que en sus caminos te cruzaste; mira cuánta gente te quiere. Jorge mira hacia la Tierra y, emocionado, lo interrumpe: Púchica, yo no sabía… ¡Qué cantidad de gentes que lloran por mí!
Y pensativo: ¿Será que uno tiene que morirse para darse cuenta de que realmente era querido y apreciado? Púchica San Pedro, ¡qué pijudo se ve todo eso desde aquí! Más calmado y mas pensativo, Jorge queda viendo fijamente a San Pedro. Quiero pedirte un favor: ¿Me dejás permanecer un poco más en contacto con mi hija y mis padres y algunos de mis amigos? ¿Puedo darle instrucciones a la Mama Queta… bueno, así le llamo a mi hermano Enrique… sobre la educación de mi Valeria? Es importante…
San Pedro lo interrumpe de nuevo y posando una de sus manos sobre su hombro le dice: No te angusties hijo, no te angusties. Ya te dije y te lo vuelvo a decir: tú vives en ellos, porque ellos te aman. Nunca morirás para quienes te han amado. Uno no muere… y tú has encendido tantas velas que será imposible, aún para el mismo tiempo, apagarlas.
Entra hijo, entra, que aquí afuera ya se está haciendo tarde. Y me desperté. Cuidate Chavalito.
Con todo mi amor, tu cuñadita.
La autora es cuñada de Jorge Bolaños (q.e.p.d.).