Un quiosco para el recuerdo

Miguel Bolaños Garay

En las primeras décadas del siglo anterior, la ciudad de Masaya tuvo uno de sus mejores alcaldes en la persona de don Julio César, hombre de bien y emprendedor de muchas obras, entre ellas el parque central de la ciudad, situado al costado sur de la parroquia La Asunción, un parque verdaderamente grande y en épocas anteriores muy acogedor.

Al pasar los años, las autoridades de la comuna decidieron bautizar el parque con el nombre de su constructor para perennizar su nombre en el recuerdo local, el que se ha mantenido hasta hoy día: Julio César. Entre algunos de sus atractivos, en los años sesenta albergó un pequeño zoológico y anteriormente su arboleda fue acondicionada de tal manera para la época que servía como una especie de arborétum con las principales variedades de árboles que tiene nuestra flora nacional.

Hoy todo eso ha cambiado y su estado hasta hace poco era lamentable, más parecido a un sucio mercado que a lugar de esparcimiento por la cantidad de negocios improvisados que alcaldías anteriores permitieron se instalaran dentro del mismo, sin orden o control alguno. El colmo es que desde los años ochenta se han derribado varios árboles que tantas décadas había costado su crecimiento y no se ha hecho nada por reponerlos.

Su mayor edificación es el quiosco central, quizá el de mayor tamaño en las cabeceras departamentales del país, con una pila de agua rodeándolo que hoy se encuentra inservible, dentro de la que existían algunos cisnes de cemento que los vándalos han dejado sin cabeza desde siempre. Hoy, por supuesto, ninguno la tiene. Tampoco mantiene agua la pila por resquebraduras y deterioro de tubería. La cúpula o techo es sostenida por ocho gruesas columnas de unos ocho metros de alto cada una y en su parte superior está una bonita escultura de una mujer sin ropa alguna elaborada por el fallecido escultor y artista masayense don Fruto Alegría. Es quizá la escultura más conocida y admirada por los habitantes de la ciudad.

Tras la finalizada remodelación de la parroquia La Asunción por parte de la cooperación española y la Escuela Taller Masaya, el paso siguiente fue el ofrecimiento de remodelar el contorno de la misma formado por tres parques: Centenario, Alejandro Vega Matus y el citado Julio César, los dos primeros casi terminados y el último recién comenzada su remodelación. La idea es hacer un conjunto armónico agradable para el centro de la ciudad con un estilo colonial. Pero entre lo proyectado está la desaparición de su quiosco y sustituirlo por una fuente y eso ha creado diversas reacciones entre la ciudadanía.

La idea no ha gustado a algunos tradicionalistas que quisieran ver —con toda razón— siempre el quiosco donde sus padres alguna vez les llevaron cuando niños. Ésta es una decisión que será tomada en conjunto con las autoridades y los de cooperación española, lo que propusieron fue la idea solamente. Habría que ver el estado real de la construcción porque quizá sea más bien un peligro inminente de derrumbe o saber si soporta remodelación alguna. Si es así, bien, pero si acaso significa un peligro sería mejor derribar todo y conservar únicamente la escultura de Alegría para colocarla en otro sitio.

Lo cierto es que el quiosco casi no tiene función práctica alguna, fuera de uno que otro evento religioso o cultural muy esporádico que allí se realiza. Personalmente soy de la idea de remodelarlo, reforzarlo y protegerlo de manera que no pueda ser objeto de vandalismos en el futuro, pero si por motivos de seguridad debe ser derribado, ni modo. Una bonita fuente es también alternativa viable para el ornato del parque y buscar un sitio donde pueda hacerse una pequeña tarima o un anfiteatro para actos varios.

Lo importante es la visión de conjunto para el futuro y que el parque central de la llamada Ciudad de las Flores sea un sitio donde se pueda llegar con los niños a pasar un rato tranquilo y agradable, con un ambiente propicio; un lugar donde el turista se sienta a gusto. Si se derriba o no el quiosco ya es otra cosa y quizá lo mejor sea remodelarlo e insertarlo al conjunto arquitectónico propuesto por los de la Escuela Taller española. Esa es una decisión que toca a las autoridades edilicias tomando en cuenta la opinión popular, sobre todo porque es una zona medular para el turismo y comercio.

El autor es periodista y abogado.

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