Nicaragua: ideas/siglo XX

Jorge Eduardo Arellano

Este volumen colectivo ha sido publicado en Santiago de Chile por la prestigiosa Editorial LOM (con el patrocinio de la UNAN-Managua y la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua) y lo compilan dos extranjeros. Hablamos del chileno Eduardo Devés —con varias estadías de docencia e investigación en Nicaragua— y de Luis A. Lobato, español, o asturiano con más de veinte años de residir en el país. Único en su género, satisface la carencia —al menos parcialmente— de una muestra representativa de las ideas contemporáneas expuestas por la intelectualidad nicaragüense.

En su presentación, Devés —especialista en la materia, como lo revelan sus tres tomos de la obra El pensamiento latinoamericano en el siglo XXI Entre la modernización y la identidad, aparecidos en México—, anota que una obra como ésta estaba siendo necesaria. Normalmente Nicaragua ha tenido una baja presencia en las historias de las ideas redactadas para el conjunto de Latinoamérica. Se dirá que con razón. Tratándose de un pequeño país, difícilmente podría tener la presencia de Brasil, México o la Argentina. Sin embargo, en términos relativos, la producción nicaragüense de ideas es mayor que la de otros países de similares dimensiones, pero los estudiosos han conocido poco esta producción de ideas”.

Y continúa Devés, doctor en Filosofía y en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Lovaina y de la París III, respectivamente: “Numerosos países del continente cuentan con sus respectivas historias de las ideas. No ha sido el caso de Nicaragua que no ha construido una obra panorámica, a través de la cual se presenten algunos de los trazos de su producción intelectual, contando con mucho que nombrar y con personas muy capacitadas para hacerlo. Obviamente han existido esfuerzos parciales, particularmente en la exposición de su producción literaria. Pero incluso allí el ensayo no ha tenido una presencia suficientemente divulgada”.

Devés —investigador del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago y coordinador del Programa de Estudios Post-doctorales del mismo instituto— no es tan ingenuo como para no advertir que la esterilidad mental y el parasitismo burocrático de nuestras numerosas universidades se han concentrado en la docencia, prescindiendo de las otras dos funciones inherentes a su naturaleza: la investigación científica y la extensión cultural. Es la universidad, por tanto, la primera a la que se le debe responsabilizar de la carencia señalada.

En la UNAN-Managua, sin embargo, se ha intentado algo. En concreto, aludo a varias investigaciones del máster Pablo Kraudy. Si no me equivoco, Kraudy ha sido uno de los primeros en discutir la historiografía de las ideas, la trayectoria de la disciplina en América Latina, su estatuto teórico y su relación con la Historia de la Filosofía. A Kraudy se le debe una “Historia Social de las ideas en la provincia de Nicaragua durante la primera mitad del siglo XIX”, merecedora del Premio Nacional de Historia José Dolores Gámez 2000 y en la que realiza una interpretación crítica del pensamiento hispánico y del indígena confrontados en el proceso de la conquista. También ha sistematizado a Darío como pensador de nuestro tiempo en otra obra aparecida en 2001, articulando en nuestro poeta la modernidad, la democracia y las elecciones. Por eso me ha parecido acertada la inclusión de Kraudy en la antología que comentamos con el trabajo: “Un Rubén para el tercer milenio”.

Otros siete, más una recapitulación del propio Devés, conforman esta obra, cuyos criterios selectivos fueron tres: 1. que los textos contribuyeran a cubrir el siglo XX —teniendo en cuenta épocas, personajes, escuelas y áreas temáticas—; 2. que poseyeran un adecuado nivel de profesionalismo, y 3. que provinieran de autores con méritos reconocidos en el ámbito académico. “Es cierto que se habría podido cubrir el siglo XX de otra manera, incluso se podría abarcar un mayor o menor período histórico. El siglo XX nos pareció un tiempo razonable y de mayor interés, en todo caso es arbitrario, pero no debe serlo igualmente la manera de enfrentar las ideas del siglo”.

Dos trabajos se complementan: “Pensamiento político de la izquierda nicaragüense (1918-1946)” de uno de los compiladores, Luis A. Lobato y el del suscrito. Titulado El cuaderno del taller San Lucas: Cinco tomos de una biblioteca nicaragüense, presento en él un balance ideológico del movimiento granadino de vanguardia en su etapa de realización intelectual (1942-1950). Por su parte, el de Lobato denuncia el fanatismo hispanófilo de dicha vanguardia, contraponiéndolo a la identidad antifascista de las organizaciones obreras anteriores a 1941, aunque convendría precisar muchos de sus datos y algunas de sus afirmaciones.

Más que ideas, Lobato —profesor de Historia Contemporánea en la UNAN-Managua y ex presidente de la Sociedad Latinoamericana de Estudios sobre América Latina y el Caribe (Solar)— registra actitudes o posiciones políticas entre los militantes sindicales de la época estudiada y apenas dedica unas líneas a la importante presencia, aunque efímera, de los republicanos españoles en Nicaragua. Lamentablemente, sólo se sustenta en el testimonio oral de Armando Amador; no en impresos ni publicaciones periódicas —que abundan—, como era de esperarse.

El trabajo del alemán Wölker Wünderich, La dimensión espiritual de nacionalismo, constituye un buen resumen de uno de los aspectos fundamentales de las ideas de Sandino: el mesianismo esotérico. Estudiado por diversos autores (Bendaña, Girardi, Hodges y Navarro, por ejemplo), esta convicción espiritista facilitó a Sandino estructurar una filosofía política, sustentada en los principios de la Escuela Magnética Espiritual de la Comuna Universal (EMECU), fundada por el hispano-argentino Joaquín Trincado (1885-1935).

Wünderich —quien alude a la dimensión mítica de Emiliano Chamorro llamándole “El Brujo” y no su verdadero mote “El Cadejo”—, puntualiza el concepto de nación en Sandino como utopía profana, su redentorismo profético, su nacionalismo e ideal comunitario. Y también cierta herencia arielista asimilada de Froylán Turcios (18-1943). Esto lo relaciona con Rubén Darío. Devés sigue anotando: “Sobre los aportes del pensamiento nicaragüense al siglo XX, la pregunta no puede tener el mismo significado que tendría si se hiciera a las grandes potencias intelectuales del mismo. Quizás la mejor lectura de una pregunta como ésta es sobre lo aportado al pensamiento latinoamericano. El aporte de Darío al arielismo en indiscutible. Su presencia en José Enrique Rodó, su reconsideración de lo ibérico y su crítica del sajonismo son cuestiones esenciales para el pensamiento latinoamericano de las primeras décadas del siglo XX. La figura de Sandino, es cierto, más que libertador que como actor, fue también de inmensa relevancia para el pensamiento político de los años veinte y treinta. Particularmente los apristas (del Perú), en vertientes más nacionalistas o más continentalistas, se inspiraron en su figura para pensar distintas realidades”.

Yo creo lo contrario: los cinco principios el APRA (Acción Popular Revolucionaria Americana), surgida mucho antes que Sandino (exactamente el 7 de mayo de 1924), incidió en el contenido de los escritos de éste. A saber: 1. Acción contra el imperialismo norteamericano, luego ampliado contra todo imperialismo; 2. Obsesión por la unidad de América Latina; 3. Nacionalización de las principales riquezas y tierras; 4. Internacionalización del Canal de Panamá (Sandino aplicó este principio al de Nicaragua, cuya opción de construirlo había sido vendida a Estados Unidos desde 1914) y 5. Solidaridad con todos los pueblos oprimidos del mundo.

Publicados en revistas del extranjero, o de Nicaragua —de escasa circulación—, los trabajos anteriores no poseen la calidad teórica y el desarrollo preciso de Medio siglo de ensayo nicaragüense (1927-1977) de Fidel Coloma y Apogeo y ocaso de los paradigmas intelectuales de los sesenta, de Leonel Delgado Aburto. Ambos se complementan y, hasta ahora, agotan el tema. De igual calidad y precisión es el trabajo de Ligia Madrigal Mendieta: “Pensamiento e historiografía. /Su evolución (Nicaragua Siglo XX)”, integrado por una revisión bibliográfica, una delimitación de los giros del pensamiento político y un debate del pensamiento religioso.

Finalmente, el trabajo del primer coeditor y prologuista Eduardo Devés Valdés, Pensando en Nicaragua hacia el 2000, apunta las principales líneas del tema, no sin observaciones críticas, tras una amplia lectura de los libros que pudo leer durante sus estadías académicas en Managua. Parte de su introducción y el capítulo de las conclusiones reproduzco a continuación. Devés Valdés se empeña en refutar esta afirmación de José Coronel Urtecho: que, excepto la poesía, las otras expresiones intelectuales de los nicaragüenses carecen de profundidad y seriedad.

En su bibliografía, Devés Valdés registra las obras de los siguientes autores, a quienes cita en su extenso y profundo trabajo: Adolfo Acevedo Vogl, Carlos Alemán Cunningham, Emilio Álvarez Montalván, Rafael Aragón, Jorge Eduardo Arellano, Juan Bautista Arríen, José Emilio Balladares, Arellys Barbeyto, Alejandro Bendaña, Miguel de Castilla, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Rubén Darío, Mirna Cunnigham, Aldo Díaz Lacayo, Silvio de Franco, Miguel Pérez González, Francisco Guzmán Pasos, Alejandro Martínez Cuenca, Róger Matus Lazo, Guillermo McLean Herrera, Orlando Núñez Soto, Omier Green, Ampino Palacio Vanegas, Edgar Palazio Galo, Jorge Pixley, Sergio Ramírez, Ileana Rodríguez, Germán Romero Vargas, Augusto C. Sandino, Alejandro Serrano Caldera, Ligia Siézar, Erwin Silva, Douglas Stuart Howay, Reinaldo Antonio Tefel, Carlos Tünnermann Bernheim, Margarita Vannini, Oscar René Vargas, José Luis Velásquez Pereira, Víctor Hugo Tinoco, Jaime Wheelock Román y Mónica Zalaquet, entre otros.

El autor es director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

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