Estados “fallidos”

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Estados “fallidos”





El miércoles de esta semana se conoció a nivel internacional un informe de “Foreing Policy” (Política Exterior) y “Fund for Peace” (Fondo para la Paz), sobre los Estados “fallidos” que hay actualmente en el mundo. Éstos, como el mismo nombre lo indica, son aquellos países en los que por sus graves problemas demográficos, desarrollo económico desigual, criminalidad, deslegitimación del Estado, deterioro de las condiciones de vida de la gente, violación de los derechos humanos, etc., carecen de una gobernabilidad normal y sus Estados son deficientes, precarios, anormales, fallidos en fin.

La lista de los Estados fallidos ha sido elaborada en base de 12 indicadores fundamentales en los ámbitos económico, social, político y militar. En términos generales los Estados fallidos “suponen una amenaza de desorden general (y) entonces existe la posibilidad de que elementos criminales, grupos terroristas y contrabandistas movilicen armas de destrucción masiva”, según aseguró la presidenta del Fondo para la Paz, Pauline H. Baker.

En realidad, en la lista de los 60 Estados fallidos o países en riesgo de derrumbe, que en total albergan una población de más o menos dos mil millones de personas, hay algunos que podrían convertirse en “pesadilla para la humanidad”, como lo advirtió la señora Baker, en el caso de que terminaran por derrumbarse y caer en el caos, como es muy posible.

Se trata de países como Corea del Norte, donde la gente vive en una espantosa situación de miseria, sufre hambruna permanente y ha podido sobrevivir sólo por la masiva ayuda externa alimentaria, y sin embargo el régimen comunista de Kim Zong IL se afana demencialmente en impulsar un proyecto para la fabricación de sus propias armas atómicas. O Paquistán, que es gobernado con mano de hierro por un régimen militar encabezado por el general Pervez Musharraf, y en cuyo territorio funciona una numerosa cantidad de “madrasas” (escuelas religiosas musulmanas donde reciben entrenamiento los terroristas islámicos); el gobierno paquistaní posee también un importante armamento nuclear con el que intimida a la India, que es su irreconciliable enemigo, y el que también dispone ya de armamento atómico.

Ahora bien, para los nicaragüenses la pregunta del millón es, en este caso, la siguiente: ¿se encuentra Nicaragua entre los países que tienen un Estado fallido, o que están en alto riesgo de caer en esa deplorable situación, dadas las circunstancias de crisis institucional, empantanamiento político e ingobernabilidad en que los pactistas del PLC y el FSLN mantienen a la nación?

Sorprendentemente la respuesta es no. Nicaragua no está en la lista de los 60 Estados fallidos que hay en todo el mundo, la cual, repetimos, fue elaborada por los organismos internacionales Foreign Policy y Fund for Peace. Sin embargo en dicha lista figuran diez países de América Latina: Haití, Colombia, República Dominicana, Venezuela, Guatemala, Paraguay, Perú, Honduras, Ecuador y Cuba, algunos de los cuales, a juzgar por las informaciones disponibles están en mejor situación que Nicaragua.

En el informe de Foreing Policy y Fund for Peace (que está disponible en Internet ingresando a las páginas web de dichos organismos: www.ForeignPolicy.com y www.fundforpeace.org.) no se encuentra una explicación de la razón o motivo para que un país tan conflictivo como Nicaragua no aparezca en esa lista, y en cambio el vecino Honduras sí .

Como sea, el hecho innegable es que el Estado de Nicaragua está fallido. Y no sólo por las múltiples dificultades económicas y sociales, que al fin y al cabo las hay en todas partes en mayor o menor grado y de diversas maneras, sino por la grave crisis institucionalidad provocada por el pacto y las reformas constitucionales del FSLN y el PLC, que han erosionado gravemente las bases fundamentales del Estado republicano y democrático.

En realidad, la experiencia histórica universal ha demostrado —y la situación actual de Nicaragua lo ha confirmado una vez más—, que el rompimiento del equilibrio entre los poderes que dirigen el Estado y la sociedad, y la usurpación el uno al otro de las funciones que legítimamente les pertenecen, conduce inevitablemente a la inestabilidad, a la crisis, al desorden institucional, al Estado fallido. ¿Acaso no es esa la crisis que estamos viviendo ahora en Nicaragua, que sólo por la gracia de Dios no ha tenido todavía peores e irreparables consecuencias?

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