Hugo J. Vélez Astacio
Se dice y se recuerda que la Administración del presidente Bolaños se destacó al inicio por su ataque frontal contra la corrupción, pretendiendo marcar una nueva conducta en el ejercicio del funcionario público; y el destape de la huaca produjo ciertos resultados, aunque hasta la fecha se tenga únicamente un solo reo privilegiado (que de hecho ya está en libertad), que aún hace daño. Las razones de su por qué son variadas aunque una muy destacada y determinante es, el pacto, que entre el desvergonzado con el delincuente, han hecho imperar un sistema antidemocrático, amoral e injusto. La corrupción continúa y la justicia está a la orden caprichosa de los intereses particulares y políticos de los caudillos Ortega y Alemán. Entre otras razones, por eso combato y estoy en contra del pacto y de toda la clase política nefasta que los acompaña.
Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad. Pero, esperanzado que al dar a conocer por medio de este escrito un asunto sistemático de corrupción que proviene de tiempos de la dinastía de los Somoza, y que prevalece bajo las esferas del actual Ministerio de Transporte, su titular y esa es la intención de estas líneas, procederá a efectuar acciones que traten de erradicar esa situación que por su predominio, rutina y cultura de los actores, no será fácil tarea, ante la satisfacción y beneficios recibidos. Antes un poco de historia.
Se afirma que un anciano coronel con muchos años en la Guardia Nacional, tantos ya para su retiro por vejez, siendo de los pocos que absorto de los desmanes y privilegios del dictador, acudió —al final de su historia de servicio— ante el general Somoza a pedirle un favor: Una indemnización que le ayudara a sobrevivir decorosamente una vez que se jubilara, ya que habiendo sido su salario nominal tan bajo, su pensión de jubilación no lo permitiría. Somoza en respuesta, lo nombró Jefe de la Policía de Managua.
Al cabo de los dos años, y habiendo sido relevado del cargo para su retiro y/o jubilación, acudió otra vez donde el general Somoza, para recordarle su petición y ayuda para su jubilación. Somoza le contestó: ¡Pero hombre!, si te nombré Jefe de Policía para tu jubilación!
El anciano coronel, en consecuencia al actuar de su vida, no había hecho uso y aplicación de “el peso del coronel” como Jefe de la Policía de Managua, cuya coima establecida en ese puesto era un acto de corrupción propio en los guardias nacionales fieles al dictador, ya que les reportaba mediante ese sistema corrupto, la suficiente garantía económica para la jubilación, a los oficiales de la guardia pretoriana que el dictador mantenía para garantía de su permanencia en el poder.
Pues bien, la corrupción de la coima del peso ha vuelto, por medio del diezmo que cobran los inspectores del MTI, en las casetas de salida a los buseros, prevaleciendo como un sistema. Cabe afirmar que dicha coima estuvo cultivada y proviene como resabio de la administración corrupta de Arnoldo Alemán, pero se vuelve grave actualmente con el agravante hacia el actual Ministro, por ser un acto de corrupción, harto conocido como un secreto a luces público, por los usuarios y transportistas, con el nombre de El peso de don Pedro, muy posiblemente por ser un acto de corrupción público, evidente, rutinario y ante la asociación por la larga permanencia de don Pedro Solórzano a cargo del Ministerio de Transporte, sin que se den visos de ponerle freno. Si el ministro don Pedro Solórzano a quien aprecio, no lo sabía, como decía nuestro bien recordado dinámico Rubí, sépalo. Don Pedro tiene la palabra.
El autor es administrador de empresas.