Mauricio Peralta Mayorga
Se ha convertido en algo cotidiano atacar, a veces con razón y a veces irracionalmente, la realidad económica que representa el sector de maquilas en nuestro país. Unos aprecian en ellas la única alternativa de desarrollo futuro y otros las visualizan como formas de colonización modernas y de irrespeto a los más elementales derechos laborales. Seguramente, como todo en la vida la verdad se encuentra, en un punto intermedio, entre ambos puntos de vista.
Las zonas francas han sido uno de los sectores más dinámicos de nuestra economía nacional y con mayor potencial de crecimiento futuro. Hasta el 2004, habían generado 67,000 empleos directos y por lo menos 350,000 empleos indirectos (sólo basta recordar la red de pequeños comercios que están alrededor de los parques industriales, el transporte urbano e interurbano que sobrevive gracias al ir y venir de los empleados y la mano de obra necesaria para la construcción de las empresas en dicho régimen, así como el empleo generado en empresas de servicios de seguridad y de servicios básicos como luz, agua, teléfono e infraestructura productiva en general). Para el año 2010 se espera generar más de 150,000 empleos directos, más de 750,000 empleos indirectos y más de 1,100 millones de dólares en exportaciones.
Sin lugar a dudas todos deseamos que los salarios de los operarios de estas empresas se mejoren, pero esto no se logra a través de típicas recetas izquierdistas, que recomiendan subir el salario de manera artificial, es decir por decreto. ¡La única manera sostenible de aumentar estos salarios es crear las condiciones propicias, para que más empresas vengan a invertir a nuestro país en zonas francas, aumentando de esta manera la demanda por mano de obra calificada, en estas labores, lo que hará aumentar su precio, lo que no es otra cosa más que su salario. Con presiones artificiales a la alza (en sus salarios), más bien puede suceder lo contrario. Probablemente el número de empresas que invertirán en este sector disminuiría en nuestro país, con la consiguiente menor demanda por mano de obra, en ellas, lo que ocasionaría una baja en los salarios vigentes.
A mayor desempleo, la posibilidad de aumentar salarios disminuye. Es creando más empleos a través de una mayor inversión extranjera y nacional como se mejoran los salarios de nuestros trabajadores, ya que los desempleados serán menos, por lo que más empresas tendrán que procurarse estos pocos empleos vacantes, teniendo que ofrecer un mayor salario para acceder a ellos. A mayor desempleo esta presión por pagar más desaparece, ya que el empleador puede pagar lo que quiere, ya que siempre habrá alguien dispuesto a trabajar por este salario. ¡No es con demagogia que se combate a la pobreza, es con inversión en plantas productivas, generadoras de empleo! Es así como los que ahuyentan de una u otra manera a los inversionistas en nuestro país son los verdaderos causantes del alto desempleo y de la trágica pobreza que sufrimos.
En 1979 el parque industrial de Las Mercedes albergaba a 8 empresas, que generaban 3,000 empleos directos, 11 años después, en 1990, quedaban únicamente 5 empresas estatales, generando 900 empleos y una inmensa cárcel de más de 8,000 metros cuadrados de construcción. ¡Éstas eran las zonas francas del sandinismo!: cárceles y empresas en bancarrota.
Extrapolando esta situación, vemos cómo esto se repite en todo un país, como Cuba, en donde su gobernante (el comandante en jefe de la revolución o “el caballo”, como también es conocido, en aquellas latitudes), ha convertido a la isla en una inmensa “maquila del desempleo” y en una cárcel de proporciones nacionales.
Esta inmensa “maquila del desempleo” genera al año miles de cubanos en “exportaciones no tradicionales” que salen de la isla en lancha, “carros acuáticos”, a nado o como solidarios “voluntarios” y producen miles de mujeres desempleadas, que han tenido que dedicarse al oficio más antiguo del mundo para poder sobrevivir y ganarse así el “salario digno” que se reclama aquí, para nuestras trabajadoras de las zonas francas. Los defensores de este sistema, que son los mismos que atacan al DR-Cafta, pareciera que quisieran convertir a nuestro país en una inmensa isla, distanciada económicamente de nuestros vecinos centroamericanos e impedirnos el acceso al mercado norteamericano, que precisamente argumentan es la causa principal del desastre económico experimentado en la isla. Es decir nos proponen autoinfringirnos un bloqueo comercial y disfrutar de esa manera de este “sueño cubano”. ¿Qué tal?
El autor es economista, catedrático de la Universidad Thomas More.