Renacer de la dignidad de Nicaragua

César Castillo [email protected]

La magnífica demostración de conciencia ciudadana que dimos no menos de 50 mil personas en la pasada marcha del 16 de junio en Managua, y alrededor de 10 mil el 17 de julio en Granada ha puesto de manifiesto que poco a poco vamos saliendo del trago y la inercia a la que han venido apostando los cabecillas del pacto.

Los que nos manifestamos independientemente de nuestras diferencias de criterio, nos une un objetivo común: expresar nuestro contundente rechazo al infame pacto de las corruptas cúpulas del FSLN y el PLC, que tiene postrado a nuestro desventurado país.

A pesar de la desesperada campaña que emprendieron por todos los medios, llegando al extremo de amenazarnos con agredirnos físicamente con tal de impedir nuestra asistencia a las marchas no lograron amedrentarnos, más bien se fortaleció nuestra determinación de dar el primer paso para salir de la zozobra a la que nos han estado sometiendo.

El pacto está destruyendo la nación. El clima de incertidumbre que están creando los pactistas, están decididamente alejando la inversión privada con sus nefastas consecuencias. Y ellos están perfectamente conscientes del daño que nos están haciendo.

Al no haber inversión no se abren fuentes de empleo, ni se generan los impuestos suficientes para atender las justas demandas de los sectores más afectados por la crisis económica.

Hasta la fecha han venido calculando que no somos capaces de revertir esta situación y han llevado a cabo una sistemática labor de sabotaje a los diferentes esfuerzos que se han realizado para enrumbar de una vez por todas a nuestro país por la senda del desarrollo económico con equidad.

Todas las instituciones en que se han venido enquistando (Poder Legislativo, Poder Judicial, Poder Electoral, Contraloría, Fiscalía, etc.) están al servicio de sus perversos intereses, y de cercenar cualquier manifestación democrática que desafiar su infame poder.

Qué tristeza la nuestra, observemos la naturaleza moral de los caudillos que tiene sometido a este país: Uno “recluido” en su mansión, por haber saqueado la nación, arrasando incluso con los fondos del Mitch al mejor estilo de Somoza durante el terremoto del 72; el otro disfrutando de una mansión “recuperada”, enfrentando juicios por insolvencia moral, y sobre todo por haber dejado al país en una bancarrota total, y haciendo todo lo posible por evitar salir de la miseria, y además responsabilizando a otros del desastre del que son responsables.

El PLC, con su obcecada idea de “excarcelar” a su amado y nefasto cabecilla, ha sido el principal responsable de que los danielistas copen las principales instituciones del Estado, convirtiendo al país en un destino nada atractivo para la inversión extranjera. Nicaragua no puede seguir siendo rehén de las ambiciones enfermizas de estos individuos.

No es posible que con tanto recurso natural y humano con el que contamos, nos veamos obligados a emigrar en busca de un ingreso decente, que nos permita cubrir nuestras necesidades económicas básicas, a costa de inmuebles vejámenes en los países hacia donde parten nuestros compatriotas.

Nos quieren desmoralizar, y emulando al ideólogo nazi J. P. Goebbel, lanzan mentira tras mentira, para desorientar, confundir, desmovilizar, provocando que nos vayamos, que no participemos de la política, para que ellos sigan haciendo “su agosto”.

Nicaragua es de todos, y nos corresponde rescatarla de las garras de este nefasto pacto. Merecemos un mejor país. Debemos ser capaces, como decía Rubén, de reunir tantos vigores dispersos, que dé al traste con esa dictadura bicefálica, y tomemos el camino de una verdadera democracia, que permita en el mediano plazo ir superando los graves problemas que aquejan a la mayoría de la población.

Las diferentes organizaciones participantes de la marcha deben deponer sus intereses particulares, y cerrar filas en torno a acabar con el pacto y sus instituciones. Nuestra querida y desventurada Patria así lo demanda. Tenemos que devolverle la dignidad a Nicaragua. La voluntad de los nicaragüenses se respeta o la haremos respetar.

El autor es Administrador de Empresas.

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