Agricultura orgánica

Gerd Schnepel* Quiero felicitar a LA PRENSA por los muchos artículos, informaciones y reportajes en el marco de la agricultura orgánica, biológica o ecológica que han publicado en este año. No obstante, en los últimos días aparecieron dos que son aptos a confundir a la gente en vez de iluminarla. El primero fue el reportaje […]

Gerd Schnepel*

Quiero felicitar a LA PRENSA por los muchos artículos, informaciones y reportajes en el marco de la agricultura orgánica, biológica o ecológica que han publicado en este año.

No obstante, en los últimos días aparecieron dos que son aptos a confundir a la gente en vez de iluminarla. El primero fue el reportaje sobre una actividad de Hortifruti. Esta empresa hizo un taller de “buenas prácticas” en la agricultura, y el señor gerente realmente constató que hasta ahora las buenas prácticas en la agricultura de Nicaragua han sido desconocidas y gracias a su empresa eso va a cambiar. No mencionó la palabra “orgánico” ni una vez, y evitó llamar las malas prácticas con su nombre.

Señor Hortifruti, en Nicaragua hay muchos —y hoy en día miles— de productores y productoras que hacen “buenas prácticas” o sea agricultura orgánica ya desde 1982 y 1984, cuando se formó el primer centro de agricultura biológica aquí en Nueva Guinea.

El segundo caso es de LA PRENSA del 18 de julio bajo el título “Capacitación para agricultura orgánica”. El redactor cita a un llamado “experto en agricultura orgánica” que dice que el MIP, el manejo integrado de plagas, es una “combinación saludable” en este aspecto.

Es infamia decir que con el MIP “se mantiene un ambiente natural saludable sin afectar los rendimientos productivos”. La verdad es al revés: con la agricultura ecológica mantenemos los suelos fértiles y productivos, la convencional los destruye; el ambiente MIP envenena el ambiente, el MIP no tiene que ver nada con agricultura orgánica, el MIP está prohibido en la agricultura orgánica e imposibilitaría la certificación orgánica. El MIP es la “puerta trasera” de la industria agroquímica que busca desesperadamente vender sus productos tóxicos, aunque la conciencia de la gente productora y consumidora ha crecido.

Son falsos profetas, y hasta bajo el título “agricultura orgánica” intentan engañarnos.

* Nueva Guinea, RAAS

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