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Reformas en Chile y Nicaragua
El recién pasado 13 de julio corriente, la Cámara de Senadores de Chile aprobó un paquete de reformas constitucionales que de previo fueron discutidas ampliamente en todos los niveles de la sociedad chilena. Tan importantes son estas reformas, que el Presidente chileno, Ricardo Lagos, declaró en Australia donde se encontraba en gira de trabajo, que “ahora podemos decir que la transición en Chile ha concluido. Tenemos un cuerpo constitucional que está acorde con la transición en Chile, y lo más importante, un cuerpo constitucional que fue aceptado por unanimidad en el Congreso Nacional”.
Por supuesto que este gran triunfo de la democracia chilena —y latinoamericana— no cayó del cielo ni se consiguió con facilidad. Al contrario, es el fruto de grandes luchas y esfuerzos que comenzaron prácticamente desde 1980, cuando la dictadura militar del general Augusto Pinochet promulgó su constitución autoritaria.
En efecto, la Constitución chilena, que fue diseñada para justificar y legitimar la dictadura militar, se adoptó en 1980, cuando el país estaba dominado de manera absolutista por el general Augusto Pinochet. Posteriormente, en octubre de 1988, la mayoría d el pueblo chileno rechazó a la dictadura en un plebiscito, de manera que el general Pinochet se vio obligado a celebrar elecciones libres en 1989, las que ganó la oposición democrática que gobierna hasta hoy de manera muy exitosa.
Pero la nación chilena siguió subordinada a una constitución autoritaria, por cuya sustitución o reforma sustancial las fuerzas democráticas lucharon de manera persistente hasta conseguir —tras 15 años de intenso debate público y ocho intentos fallidos de reforma democrática— su reciente aprobación en el Senado y su inminente ratificación en cámaras unidas, el próximo mes de agosto.
De manera que como consecuencia de las 55 modificaciones a la Constitución que fueron aprobadas, serán eliminados los 10 senadores (sobre un total de 48) que no eran elegidos por la población, de los cuales uno era vitalicio — el general Augusto Pinochet— y los otros nueve designados por determinadas instituciones remanentes de la dictadura.
Otras reformas constitucionales de gran significación son: la reducción del período presidencial de 6 a 4 años sin peligro de reelección inmediata; el restablecimiento de la facultad del Presidente de la República de remover a los comandantes en jefes de las Fuerzas Armadas; la conversión del Consejo de Seguridad Nacional en un órgano meramente consultivo; el cambio de composición y la modificación de las facultades del tribunal constitucional; la supresión del texto constitucional de todas las alusiones al régimen pinochetista; y la eliminación del nombre del general Augusto Pinochet como autoridad suprema promulgadora de la Constitución, que será sustituida por la firma del actual Presidente de la República, Ricardo Lagos Escobar.
Es necesario subrayar que estas importantes reformas constitucionales se han podido conseguir sin causar traumas políticos y sociales a la nación, con la participación de todos los sectores políticos y sociales del país, con el consentimiento de todos los poderes e instituciones públicas, e inclusive con la votación unánime en la Cámara de Senadores, como muy bien lo hizo notar el presidente Lagos.
La diferencia de la reforma chilena con la que se ha hecho en Nicaragua es abismal, sin dudas de ninguna clase. Aquí también se aprobó o impuso una constitución autoritaria, la cual se logró democratizar un poco mediante la reforma constitucional de 1995. Sin embargo, ahora se ha impuesto una contrarreforma constitucional antidemocrática, sin haberla consultado previamente a la población, impidiéndole a ésta aprobarla o rechazarla en un plebiscito o referendo y con el avieso propósito de legitimar una nueva dictadura, bipartidista y corrupta.
Dice un antiguo principio romano o latino de pedagogía , que “el ejemplo enseña” (exemplun docet), lo cual significa que las personas y las naciones aprenden o deben aprender de los buenos ejemplos y enseñanzas de otras personas y pueblos.
Sin embargo, para aprovechar los buenos ejemplos hay que tener voluntad de aprender, lo cual no es el caso de Nicaragua donde la clase política dominante más bien importa experiencias autoritarias y reaccionarias que fracasaron en otros países y que llevaron la ruina y el oprobio a sus pueblos respectivos.