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¿Es todavía recuperable el PLC?
Las expresiones particularmente fuertes hacia el PLC, de parte de Roger Noriega —Secretario de Estado Adjunto para el Hemisferio Occidental, de Estados Unidos de Norteamérica— en la entrevista exclusiva para LA PRENSA que publicamos en nuestra edición de ayer, tienen al parecer el propósito de presionar a dicho partido para que deje de estar subordinado al FSLN de Daniel Ortega y vuelva a ser una institución democrática y confiable.
Pero no es la primera vez que Estados Unidos se empeña en conseguir este objetivo. Ya lo hizo en otras ocasiones anteriores, sobre todo a principios del año pasado cuando la entonces embajadora estadounidense en Nicaragua, Barbara Moore, auspició un entendimiento del PLC con el presidente Enrique Bolaños.
Inclusive, el 12 de marzo del año pasado los líderes parlamentarios del PLC, Wilfredo Navarro y Carlos Noguera, suscribieron junto con los otros miembros de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional un Acuerdo Patriótico, al que también llamaron Compromiso de Honor, en el cual se comprometieron “a trabajar por el bienestar general de Nicaragua, anteponiendo los intereses de la nación por encima de nuestros intereses particulares y políticos”. Y acordaron específicamente tramitar y aprobar varias leyes de interés nacional, entre ellas los decretos financieros enviados por el Poder Ejecutivo para facilitar la ejecución de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, así como el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (DR-Cafta).
Pero nada de eso cumplieron los líderes del PLC. Más bien reconstruyeron y le dieron un efecto más devastador al pacto con Daniel Ortega y el FSLN, con la aprobación de las reformas constitucionales de enero pasado y la conjura para derrocar “legalmente” al Presidente de la República (o dejarle como un pelele con funciones decorativas), con lo que arrojaron al país a una profunda y dañina crisis institucional.
Se trata, como señaló el comentarista político de El Nuevo Herald, Andrés Oppenheimer, en un artículo de opinión publicado por dicho periódico estadounidense en marzo de este año, de “una extraña alianza (del líder izquierdista Daniel Ortega) con el ex presidente derechista Arnoldo Alemán. Ambos han sido acusados de robar a diestra y siniestra, pero hoy manejan los hilos del poder en Nicaragua”.
Otro reconocido comentarista de medios de comunicación estadounidenses en español, Daniel Morcate, jefe de redacción de Univision, no fue tan suave con el pacto de Ortega y Alemán, como Oppenheimer. En efecto, en un artículo publicado también en El Nuevo Herald, pero el 22 de junio recién pasado, Morcate asegura que:
“El egocentrismo de dos políticos sin escrúpulos una vez más ha colocado a Nicaragua al borde del caos. El sandinista Daniel Ortega y el liberal Arnoldo Alemán se han puesto de acuerdo para secuestrar la democracia nicaragüense. El primero actúa por narcisismo y resentimiento de autócrata venido a menos. Alemán, prototípico patán de la política latinoamericana, se venga del presidente Enrique Bolaños, su antiguo Vicepresidente y correligionario liberal, por haber contribuido a llevarle a la cárcel por corrupto. Como ambos cuentan con poderosas maquinarias políticas, las cuales manipulan a su antojo, han minado en forma sistemática las facultades de Bolaños para gobernar. Pero el daño más evidente y duradero se lo están haciendo al sufrido pueblo nicaragüense, al que en el fondo desprecian. Y se lo seguirán haciendo a menos que las democracias se unan en la defensa del gobierno legalmente constituido de Nicaragua”.
Ahora bien, el gran interrogante que se plantea es si a estas alturas del tiempo el PLC podría aún reaccionar a las presiones de Estados Unidos, de las fuerzas democráticas nicaragüenses, de sus propias bases partidistas y de algunas personalidades liberales. LAmentablemente, a juzgar por todas las actitudes y declaraciones de los líderes del PLC la respuesta es no.
En vez de rectificar y volver al camino correcto, la cúpula del PLC más bien ha excluido a numerosos convencionales, dirigentes intermedios y activistas de base que se han manifestado por un cambio de rumbo del partido. Inclusive el más popular precandidato presidencial del liberalismo, Eduardo Montealegre, fue virtualmente expulsado del PLC y Arnoldo Alemán se prepara a nombrar “al dedazo” a un candidato de zacate que le facilite a Daniel Ortega el triunfo en la próxima elección presidencial.
Definitivamente, Dios ciega a quien quiere perder.