Ricardo A. de León Borge
En junio pasado se conmemoró el 60 aniversario de la Carta de las Naciones Unidas, firmada en San Francisco en el año 1945, cuando en el mundo estaba finalizando la II Conflagración Mundial, y se sentían vientos de paz, basados en un renovado idealismo, para la construcción de un mundo mejor y más seguro.
La Carta estableció como principio general el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, a través de la cooperación entre los Estados, aunque tratara de forma diferente a los países perdedores.
Durante estos sesenta años, las Naciones Unidas ha fungido innegablemente, un papel importante en la concreción de sus objetivos, aunque claro, ha tenido algunas fallas significativas, lo que ha llevado a una constante crítica en contra de sus actuaciones u omisiones.
Asimismo, el lunes 11 de julio se dio inicio el debate en la Asamblea General de la ONU, sobre las reformas que han sido solicitadas por gran parte de los países miembros.
Reforma. De hecho, después de seis decenios, cualquier organización o gobierno necesita cambios para mejorar y actualizar su funcionamiento ante los nuevos desafíos y oportunidades que se presentan en un mundo cambiante e inestable.
Una reforma de fondo ha sido solicitada por la mayoría de países miembros. Para esto Kofi Annan solicitó un informe sobre las posibilidades de reforma, donde se sugiere adoptar un “concepto más amplio de seguridad colectiva”, a través del cual se visualicen temas como la pobreza, el hambre, las pandemias y el medio ambiente; articular una estrategia antiterrorista; reforzar la no proliferación nuclear; cambios en los órganos principales y en la Comisión de Derechos Humanos.
Definitivamente, tendrá que ser una reforma que se enfoque en la búsqueda y la realización de los objetivos del milenio, por encima de cualquier otra reforma, ya que de esta manera se estará asegurando un entorno más favorable a la paz mundial.
Consejo de Seguridad. Aunque no debería ser la reforma más urgente, pero, siendo este órgano uno de los más criticados a nivel mundial, me referiré a él.
El informe señaló dos modelos de reforma. El modelo A, propone la creación de seis nuevos miembros permanentes, sin derecho al veto, y el modelo B, crea una nueva categoría de ocho puestos. Para esto se debería tomar en cuenta los aportes económicos a la organización de los países candidatos y el factor geográfico.
Oportunidad y recelo. Alemania, Japón, Brasil e India (G4), aspiran a ser nuevos miembros permanentes. Estos países representan las potencias emergentes en el mundo, e inclusive Alemania, es el tercer país en aportaciones económicas a la ONU, es igualmente uno de los países vencidos en la Segunda Guerra Mundial, junto a Japón.
Por su parte, países como España, México, Argentina, Corea del Sur, Italia, Nigeria y Pakistán, han rechazado las pretensiones del G4, por ser países cercanos e incluso enemigos. Y en el caso de Nigeria, por no tomar en cuenta al continente africano.
¿Factible? La puesta en marcha de las reformas a la carta, necesita la aprobación de dos tercios de los Estados miembros de la ONU, incluyendo a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, quienes ya han dado muestras de su rechazo a la ampliación de los miembros permanentes, aduciendo entre otros que “destruiría la unidad…” de los actuales miembros y que un aumento contraviene la igualdad entre Estados soberanos…
Siendo realistas, si las Naciones Unidas no quiere desaparecer como su antecesora, la Sociedad de las Naciones tendrá que contar con el apoyo y la cohesión de países como Estados Unidos, China, Rusia, Inglaterra y Francia, para apoyar y consensuar este proceso de refundación con todos los miembros de la organización.
El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.