Sandinismo e Iglesia Católica

Marlon José Navarrete Espinoza

Numerosos acontecimientos históricos pasaron contra la Iglesia durante la tiranía sandinista. Lo que más se maneja es el abominable recuerdo del irrespeto a la Eucaristía y al Papa Juan Pablo II en su primera visita a Nicaragua; en un repudiable acto en el que no sólo al Santo Padre sino al pueblo no se le permitió acercarse a su pastor. Y a Dios mismo se ofendió con tan grave sacrilegio.

La visita fue manipulada y boicoteada y no se trató de un malentendido. Este argumento es ridículo para el pueblo creyente católico.

Pero además ocurrieron otros hechos precisamente en el año 1982, como por ejemplo el ataque de las turbas sandinistas contra los colegios católicos privados como el Pedagógico La Salle, San Juan Bosco de Masaya, la Asunción, Pureza de María, el Teresiano y hasta protestantes bautistas. Se lanzaron a invadir las instalaciones de estos colegios en un plan coordinado simultáneo de cara a sitiar estos colegios para amedrentar e intimidar a la Iglesia que no colaboraba servilmente con la revolución.

Los estudiantes de estos colegios privados eran niños y jóvenes de buenas familias que no estaban acostumbrados a pelear como pandilleros o con violencia. Sin embargo, ante la indignación y amenaza de ver tomado por la fuerza su colegio, decidieron hacer frente a la invasión revolucionaria de miles de jóvenes sandinistas que llenos de odio ideológico de izquierda fueron utilizados para agredir y para poner a combatir jóvenes contra jóvenes. Al retirarse dejaban la bandera del FSLN ondeando triunfante sobre los despojos en el suelo de las banderas de Nicaragua y de la Iglesia en desolación total.

Sin embargo el resultado era de esperarse, pues las turbas los superaban de 20 a 1. Así se armaron desiguales batallas campales a garrotazos, pedradas, patadas y puñetazos, en los que las turbas usaban cadenas, varillas de hierro, tubos y entre varios dejaban en el suelo mal heridos a sus oponentes católicos, algunos inclusive fueron lanzados a cauces y barrancos y dejados a su suerte.

Los estudiantes católicos a pesar de su valor enardecido e inferior número perdieron y fueron sometidos rápidamente por la furiosa embestida masiva de las turbas a la vez que destruían la infraestructura del colegio. Cuando la Policía llegaba era sólo para acuerpar a las turbas y llevarse presos a los estudiantes católicos mal matados, bajo la acusación de contrarrevolucionarios somocistas, aliados del imperialismo yanki, cómplices de Reagan.

Ni siquiera las niñas y muchachas escapaban. En la Asunción, por ejemplo, al verse presas del miedo y la desesperación las muchachas se subieron a unos árboles para protegerse y hasta ahí les lanzaban piedras, machetes y palos para bajarlas. Muchas muchachas y niñas salieron heridas. Todo esto era sumado a la expulsión de sacerdotes del país, a los vejámenes y burlas a que eran sometidos el clero y los obispos con todo tipo de calumnias e injurias en los medios de comunicación oficiales con descaro brutal.

La fundación de la iglesia popular y el apoyo a la teología de la liberación era plan para destruir la unidad eclesial ante el Papa Juan Pablo II y dar paso a una Iglesia obediente a la revolución y a sus mesiánicos comandantes.

La colocación de grandes carteles de Sandino y Carlos Fonseca en la fachada de Catedral vieja de Managua, así como la puesta de banderas roja y negras en las cúpulas de las torres del templo obedecían a un ánimo soberbio de humillación contra la religión y cuyo mensaje era que estos símbolos e iconos del Frente prevalecerían por encima de los valores cristianos y católicos.

Todo esto era una política de Estado del FSLN en un plan premeditado, claramente ideado y diseñado para acabar con la Iglesia Católica.

Lo que no deben olvidar Daniel Ortega y sus camaradas del FSLN es que la represión genera rebelión y la opresión, valentía; y que la Iglesia está protegida por un poder divino al cual jamás podrán derrotar. Entre cristianismo y revolución sí hay contradicción. Recuerden la lección: Cristo ayer, Cristo hoy, Cristo siempre.

El autor es Ingeniero y fue testigo de los hechos mencionados en este artículo.

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