Mauricio Mendieta Herdocia
Además de haber sido una sucesión dinástica y dictatorial, el somocismo se caracterizó por haber sido un sistema plagado y sustentado por vicios, antivalores, prácticas prebendarias, y un culto permanente a la personalidad, como forma de gobierno. El partido liberal que les sirvió de vehículo, era un partido familiar. El clientelismo político, y la compra de lealtades y de conciencias era una práctica común.
Todos los poderes del Estado estaban controlados, y aunque existía un espacio de libertades limitado, había una ausencia total de democracia, tanto participativa como representativa.
La lucha político-militar del Frente Sandinista para liberar a Nicaragua de la dictadura somocista, no solamente fue legítima sino absolutamente necesaria. Gracias a la participación mayoritaria del pueblo nicaragüense y la solidaridad internacional, se pudo terminar con una odiosa dictadura de casi 50 años.
El Frente Sandinista tenía un compromiso histórico programático con el pueblo nicaragüense, sin embargo, cuando llegó al poder ese compromiso fue tan frágil que sucumbió y dio paso a los intereses personales y de poder. Se dedicaron a trabajar para ellos y al final se enriquecieron, pues como dice Ernesto Cardenal en su libro La revolución perdida, página 662, refiriéndose a algunos altos dirigentes sandinistas, “ahora son millonarios, y en la revolución no había millonarios”.
No fueron, ni lo son actualmente los sandinistas orteguistas, coherentes, consecuentes y tampoco tuvieron la decencia que decían representar, puesto que una vez que ocuparon un espacio de poder sufrieron una metamorfosis y se transformaron primero en las figuras políticas tradicionales y luego encarnaron y siguen siendo fieles practicantes de los vicios éticos, morales y políticos que decían combatir del somocismo, deslegitimando su bandera histórica y perdiendo de vista su pensamiento estratégico, para reducirse en la actualidad a una organización de movimientos tácticos de corto plazo.
Sorprendentemente el sandinismo, representado por Daniel Ortega, hace un pacto, una alianza, y se confunde como alma gemela con sus adversarios y enemigos históricos como ellos llamaban a los somocistas, ya que indiscutiblemente las prácticas políticas del arnoldismo son similares a la matriz de donde provienen: el somocismo; pues el PLC, fundado por el doctor Ramiro Sacasa Guerrero, tenía una intención y claro propósito de impulsar una política verdaderamente liberal contraria a los vicios del somocismo, de tal manera, que la actual dirigencia del arnoldismo es una dirigencia impostora del PLC fundada por el doctor Sacasa.
Al igual que Somoza, Alemán y Ortega controlan a sus respectivos partidos de la misma manera y los manejan como verdaderos patrimonios feudales, con la intención de perpetuarse en base a intereses personales y de poder, en lugar de darles a otros militantes valiosos que sí existen en ambas organizaciones la oportunidad de asumir la dirección y las candidaturas.
El caudillismo bicéfalo del pacto y su cúpula de incondicionales, por sus vicios y prácticas políticas similares y consistentes con el somocismo, han configurado ambos la más alta expresión representativa de un neosomocismo, expresión política que describe a un “somocismo sin Somoza”, slogan que utilizó en la clandestinidad el Frente Sandinista con gran vehemencia, para señalar que los nicaragüenses no queríamos un gobierno que aunque sin Somoza, se continuara con un gobierno y una clase política representativa del mismo somocismo
Tenemos que comenzar a participar, a manifestarnos y sin miedo todos los nicaragüenses sin excepción en contra de esta dictadura bicéfala, perniciosa y nefasta para los intereses populares, nacionales y de nuestra novel democracia. No importa el pensamiento político que tengamos, ya que todos coincidimos en que queremos una Nicaragua mejor para todos, pues el fundamento de la democracia, su razón de ser, está en la capacidad que tienen los ciudadanos de manifestarse para decidir con libertad y responsabilidad sobre los asuntos nacionales.
El país necesita nuevas ideas y propuestas para resolver los viejos problemas. Nicaragua necesita un cambio, pero un cambio hacia algo nuevo y mejor. Para lograrlo debemos unirnos todos en una gran alianza nacional contra esa expresión neosomocista del pacto, una alianza que represente en las próximas elecciones del 2006 el futuro ante el pasado, la verdad ante el engaño y la esperanza ante la decepción.
Decía el gran líder hindú de la resistencia pacífica Mahatma Gandhi, que “lo mas atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena” y afortunadamente en Nicaragua aún existe mucha gente buena.
El autor es vocero del Apre.