Guillermo Rothschuh Villanueva
La UCA cumple este 2005 45 años de estar inserta en la vida educativa nacional. Una universidad que nació en 1960 bajo el signo de la duda y la controversia se ha convertido en un referente ineludible en la educación superior del país. Insurgió en un contexto histórico que abría las puertas a la suspicacia: en los días posteriores a las luchas por la autonomía universitaria en la ciudad de León, cuando el Mercado Común Centroamericano se perfilaba como una realidad y en los fulgores del triunfo de la revolución cubana. En una época cuando en el contexto latinoamericano las universidades privadas comenzaban a surgir. Mario Vargas Llosa deja testimonio de esta nueva realidad. En Conversación en la Catedral, apostilla: “A donde vas vos a la Nacional en donde van los cholos a politiquear o a la Católica en el Perú a donde se va a estudiar”. Una visión más amplia del parto de la UCA está contenida en la Biografía de Mariano Fiallos Gil escrita por Sergio Ramírez. El proyecto surgía como algo sospechoso. La familia Somoza mostraba interés por su fundación, pero prontamente se convirtió en un centro contestatario al poder. En 1966 Casimiro Sotelo instauraba en la UCA el rechazo al somocismo. Desde entonces la UCA ha sido una universidad lejana a toda suspicacia política y de un creciente compromiso con el desarrollo nacional.
La UCA no ha dejado ni un solo momento de su historia educativa de sintonizar las necesidades más apremiantes del país. Al despuntar el siglo XXI y cuando una mujer —Mayra Luz Pérez Díaz— se hace cargo de la Rectoría, sentando un precedente en su propio discurrir socioeducativo, los compromisos de la UCA se ven renovados de manera más amplia y de una forma más apegada a las circunstancias por las que atraviesa el mundo. Si existe una forma de entender sobre lo que ha sido y ha hecho la UCA por este país, nada lo define de manera más exacta que las expresiones vertidas por la Rectora de la UCA en su discurso de toma de posesión. Con enorme claridad y de manera oportuna establece que en los nuevos tiempos deben establecerse relaciones con el mercado, pero cuidándose de que éstas nunca deben pervertir lo que constituye el eje medular de su quehacer universitario, “situar al ser humano como centro de la vida y la cultura de esta alma mater”.
El cambio y la renovación son el sello de la identidad de la Universidad Centroamericana. Cuando el conocimiento y el saber han pasado a convertirse en el pivote central de las nuevas sociedades la UCA se renueva. Con un gran sentido premonitorio convierte a los estudios de postgrados en parte medular de su oferta educativa. Un total de 54 postgrados forman parte de su propuesta al país. Esta determinación la toma bajo el convencimiento de que Nicaragua requiere más que nunca de profesionales con los más altos estándares académicos. Fiel a sus principios instituyó de manera permanente el Programa Interdisciplinario de los Estudios de Género. Una actitud acorde con sus compromisos de abrir espacio permanente a las mujeres en los distintos cargos de dirección de la universidad. Desde la Rectoría y Vicerrectoría Académica, las Direcciones de Estudios de Postgrado y Pregrado, decanaturas, direcciones de departamento, etc. La UCA expresó en su momento a través de su rector Xabier Gorostiaga que la revolución más importante en el siglo XXI sería la de las mujeres y que mientras no se derribaran los muros que separaban a las mujeres de los hombres viviríamos en una permanente iniquidad.
En consonancia con la triple función que asumen las universidades la investigación ha recibido un nuevo impulso. La visión que prevalece es la de vincular la docencia con la investigación. La UCA ha configurado una nueva agenda de investigación para un nuevo siglo. Sus cinco principales eslabones o cadenas de investigación son de primerísima importancia: gobernabilidad (institucionalidad, transparencia en la gestión estatal, descentralización y reforma del Estado); pobreza y desarrollo humano (vulnerabilidad social, gestión urbana, violencia, calidad de vida, migraciones, epidemiología, niñez y juventud); desarrollo económico e integración (tratados de libre comercio e integración, turismo, Pyme, crédito, desarrollo local y cadenas productivas); memoria histórica e indígena y ciencia y tecnología (ciencia y tecnología, biodiversidad, acuicultura, radiación solar, procesos productivos, industriales, urbanización ambiental y social, patrimonio arquitectónico. La investigación es un asunto medular. No hay alternativa: investigar o perecer.
La UCA también es el Instituto de Educación (IDEUCA), el Centro de Estudios Socioculturales, Nitlapán, con 13 sucursales y 16 agencias de crédito en el país, cuya trascendencia radica en haber atendido a 29 mil 313 clientes en el 2004 y haber entregado en forma de préstamos 19 millones 603 mil 900 córdobas; el Instituto de Historia de Centroamérica y Nicaragua, con 17 revistas de Historia publicadas, 9 Talleres de historia y 12 títulos de libros. El Instituto de Encuestas y Sondeos (IDESO). La UCA también con sus 5 facultades y 15 carreras profesionales. La Biblioteca José Coronel Urtecho con sus 48 mil 209 títulos y la sólida política estudiantil, cuya relevancia resulta de primera magnitud. La UCA ha comprendido que su razón de ser son sus estudiantes. Sin ellos no hay vida universitaria. La UCA busca como dar respuesta a los problemas de la Nicaragua contemporánea dentro de una nueva visión y bajo la conducción firme y serena de una mujer que llegó a ese cargo después de haber pasado por todo el escalafón universitario. La UCA ha ayudado a conformar el rostro de Nicaragua. Un compromiso que renueva al cumplir sus 45 años al servicio del país, ajena ahora por completo a toda sospecha y suspicacia politiquera.
El autor es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la UCA