El relevo político

Róger Fischer S.

La abulia y el yoquepierdismo cívico están tocando a su fin. Hastiados del caudillismo corrupto, se han colmado los límites de los nicaragüenses que a diario se manifiestan contra los pactos de Alemán y Ortega y el pueblo está procurando una nueva imagen del liderazgo político nicaragüense. Hoy vemos nuevas caras con ideas positivas y patrióticas y lo más importante, es que la conciencia de la nación se ha despertado de una manera inesperada. Y, ¡de qué manera! me decía el poeta Carlos, mientras caminábamos juntos algunas cuadras el día de la manifestación que marcó un parte-aguas en Nicaragua.

Lo importante es que el relevo político sano hará la diferencia. Políticamente vivimos aún en el siglo XVI, como los Pedrarias, los Contreras y las María Peñalosa. Los caudillos pueden cambiar de nombre, pero no su conducta. Hacerse dueños del poder y de los bienes del Estado y de las conciencias ciudadanas por el halago o el temor, ha sido la inveterada costumbre de los políticos criollos. No importa cómo se llamen, han actuado igual a través de los siglos. Frente a esa práctica corrupta hoy se alza una nueva generación fresca, decente, sin credos que le aten al pasado y con ganas de transformar a Nicaragua.

Da gusto ver caras de jóvenes mujeres y hombres convencidos de la necesidad de cambio. Así como aquellos románticos muchachos de los años setenta que creyeron en los cantos de sirenas de Fidel Castro y de la desaparecida Unión Soviética, hoy esa misma juventud vibrante cree que el camino está en la verdadera democracia construida con honestidad, con dignidad, luchando porque en las urnas electorales se definan a nuestras autoridades y negando espacio al chanchullo, al truco, a los fraudes electorales y de toda clase. Estos miles, miles y miles de nicaragüenses nada quieren saber de los caudillos que engañan a los humildes, estos miles, miles y miles de nicaragüenses quieren un país mejor con más escuelas y oportunidades de trabajo y más centros de salud, donde el transporte sea limpio y decente, las carreteras mejores y los caminos penetren todos los puntos cardinales de Nicaragua, quieren el apoyo para el agricultor y el ganadero; desean se dicten leyes que permitan una generación hidroeléctrica acorde con la gran capacidad que tiene Nicaragua; opinan porque se tecnifiquen y diversifiquen los cultivos, anhelan un país donde la reforestación sea planificada; se racionalice la explotación de los bosques, se mantengan las reservas forestales como los grandes pulmones de la nación y específicamente donde nuestros hijos no tengan que partir al exterior en busca de mejor suerte.

Eduardo Montealegre está abanderando un movimiento sin apartarse del liberalismo al que ha pertenecido. En su reciente reunión demostró su gran capacidad de convocatoria y de nuevo se reflejó el deseo de la gran mayoría de nicaragüenses por vivir en paz y en democracia. Eduardo sin lugar a dudas está marcando con alta puntuación en la voluntad de los nicaragüenses honestos.

José Antonio Alvarado cree que la clase media puede ser la gran constructora política de Nicaragua y transformar al país basándose en los profesionales, pequeños y medianos comerciantes e industriales que es la médula del gran motor de Nicaragua.

Herty Lewites significa la redención sandinista para muchos de los que se cubrieron con la bandera del FSLN y hoy rechazan las pretensiones continuistas del señor Ortega.

Ortega y Alemán por su parte se basan en los partidos que han sido fuertes y decisivos en la historia reciente de Nicaragua. Sin embargo, el estado de postración en que tienen al país, es la causa principal del rechazo ciudadano.

Bolaños al combatir la corrupción a fondo es fustigado sin cuartel por los políticos de la vieja usanza.

No sería extraño que una nueva e incontenible corriente brote en Nicaragua a favor de alguien totalmente nuevo y diferente, por hoy la imagen la tiene Eduardo, pero depende de su capacidad de captar al nicaragüense moderno, a la juventud con madurez, motivados por abrir una senda histórica que nos saque de las anquilosadas estructuras y que nos ubique en un país, donde los representantes de los poderes del Estado sean escogidos por la voluntad popular y no en convenciones amañadas obedientes al índice “del patrón”.

Después de la manifestación del 16 de junio recién pasado y a las puertas de nuevas expresiones cívicas, la democracia se está afianzando en las calles y estamos seguros que la Nicaragua feudal ya es una especie en extinción.

Las grandes mayorías a través de consultas ciudadanas, decidirán con patriotismo la constitución de un Estado moderno en una Nicaragua para todos.

El autor es publicista.

Editorial
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