Luis Sánchez Sancho
Dice Ángel María Garubay K. (Mitología Griega, Editorial Porrúa, 2002) que Apolo apenas tenía cuatro días de haber nacido cuando pidió que le dieran arco y flechas, los que Hefesto (Vulcano en la mitología romana, dios del fuego terrestre y de las artes de fundir y forjar los metales) se apresuró a proporcionárselas.
Con esas armas llegó Apolo a Delfos, donde estaba el oráculo de Gea (la Madre Tierra) vigilado por una enorme serpiente llamada Pitón. Este monstruo había perseguido a Letona (madre de Apolo), cuando huía de la persecución de Hera, esposa de Zeus, y buscaba un lugar donde parir a sus gemelos, Artemisa y Apolo. Por eso Apolo mató a Pitón y se apoderó del oráculo de Gea, convirtiéndolo en su propio santuario.
En ese mismo lugar, cuenta Jean Francois Michel Noël (1755-1841), Apolo construyó un soberbio palacio en el que enseñó a los griegos las ciencias y las artes, les dio a conocer todas las ventajas de la civilización y les transmitió los más importantes preceptos morales, para lo cual utilizaba la música de su arpa maravillosa. Apolo también vaticinaba las fases de la luna y de los planetas y anunciaba los eclipses solares y lunares.
Apolo nunca se casó, pero no permaneció virgen como su hermana gemela, Artemisa. Por el contrario, Apolo tuvo muchos amores y engendró numerosos hijos, algunos de los cuales fueron muy famosos. Por ejemplo, con Pitia (la primera sacerdotisa que hubo en el oráculo de Delfos, consagrado a Apolo) tuvo a Doro, el héroe epónimo del pueblo Dorio. De sus amores con Talía (musa de la Comedia) engendró a los Coribantes. Con Coronis, princesa de los Lafitas, tuvo a Asclepio (el dios de la medicina). Aria le alumbró a Mileto y de su unión con Cirene nació Aristeo.
Uno de los romances de Apolo más famosos fue el que tuvo con Dríope. Cuenta la leyenda que estaba Dríope con sus amigas, las Hamadríadas (ninfas de los árboles), en el monte Eta, cuidando los rebaños de su padre, cuando Apolo la vio y se prendó de su esplendorosa hermosura. Apolo quiso poseerla, para lo cual se transformó en tortuga y se acercó a las ninfas que se pusieron a jugar con el animal, como si fuese una pelota. Cuando se la lanzaron a Dríope, ésta se la colocó en su seno, mimosa. Entonces la tortuga se transformó en serpiente, ahuyentó a las Hamadríadas y poseyó sexualmente a Dríope, quien de esa relación tuvo a Anfiso. Después Dríope se convirtió en sacerdotisa del templo de Apolo, pero luego se casó con Andremón, quien adoptó y amó a Anfiso como si hubiera sido su propio padre.
Pero a quien Apolo amó verdaderamente fue a Dafne. Sin embargo, Eros (dios del amor, Cupido en la mitología romana), para vengarse de Apolo quien lo había desafiado y dudó de sus poderes amatorios, lo hirió (a Apolo) con la flecha del amor en tanto que a Dafne la flechó con el dardo del desdén.
Y así fue que Dafne rechazó todos los requerimientos de Apolo, quien tanto la persiguió que ella tuvo que pedir el auxilio de su padre, el dios río Peneo, quien para protegerla del acoso sexual de Apolo la transformó en árbol.
Cuando Apolo quiso tomar en sus brazos a la bella Dafne, lo que abrazó fue el tronco de un árbol de Laurel, que es lo que en griego significa el nombre de Dafne. Entonces Apolo tomó unas hojas de Laurel, hizo una corona que se colocó en la cabeza, y la instituyó como recompensa para los poetas, los músicos, los guerreros y los deportistas vencedores.