Julio Ignacio Cardoze
Excelente artículo de José Antonio Alvarado “El pueblo conmemora”, publicado el 11 de julio. Éste contiene una moderna y correcta interpretación del liberalismo. Por arriba de un partido o fuera del marco de cualquier organización, lo más importante, son los principios. ¿De qué sirve un partido liberal como el PLC arnoldista, sin principios?
Un partido político no es un fin como tradicionalmente y erróneamente es en Nicaragua. Un partido es un medio para encausar, por un lado, las aspiraciones de un sector de la sociedad que tiene preferencias por ciertos principios, y por otro, como facilitador de principios, pero los principios liberales de libertad, derechos humanos, derechos del hombre, derechos ciudadanos, no nacieron ni son producto de un partido determinado.
Los partidos políticos son como el recipiente que contiene cualquier producto. Un galón de plástico de leche son dos productos diferentes, la leche y el recipiente de plástico. Si le quitamos la leche no es un galón de leche, sino un recipiente de plástico nada más.
Así es el partido PLC arnoldista, un recipiente vacío, sin contenido, sin principios, que en el caso del liberalismo no contiene nada, pues su organización y sus actos contradicen más bien todo lo que significa liberalismo y los derechos del hombre y ciudadanos.
Es por esta misma razón de principios que no es posible una alianza con marxistas como Lewites y compañía. Los derechos del hombre y del ciudadano y todas las libertades que contienen esos principios liberales, producto de pensadores liberales son atropellados diariamente por los usurpadores del PLC. Por eso antes rechazamos la categoría de símbolo que se le dio en el Informe Pastrán al hijo de Ramiro Sacasa Guerrero y a la hija del presidente Zelaya.
Los símbolos liberales son los principios liberales universales, y en el caso de Nicaragua, los contenidos en la Constitución Libérrima de 1893. Sin duda en el alma del pueblo nicaragüense hay una raíz profunda liberal, y un candidato presidencial, como en este caso José Antonio Alvarado o Montealegre, no sólo tienen derecho a enarbolarlos, sino que tienen que hacerlo para soportarse en esa raíz que es profunda y fuerte.
El liberalismo es decisivo en la política nicaragüense. Eso no debe pasar desapercibido.