Alfonso Castellón Ayó[email protected]
Es un hecho irrefutable que los políticos tienen arruinado a nuestro país. Pero debe haber una salida honorable para todo este embrollo. Se me ocurren algunas ideas que quizás podrían prosperar.
En primer lugar, si existe un movimiento fuerte para hacerse escuchar a nivel nacional, éste debería limpiar muy bien su imagen política, quiero decir: aceptar a todos los nicaragüenses que aman su Patria, pero clasificar a los que representan públicamente el movimiento; y cuya filiación política del pasado muy reciente los salpica.
No quiero esta vez señalar con nombres y apellidos, quiénes son. Ellos perfectamente saben que su participación es cuestionada. ¿Y por qué digo esto? Porque cargan, aunque no lo quieran, el virus contagioso de la actual clase política. Aunque parezca grosero, es necesario aclarar que cuando formaban parte del gobierno sandinista estos personajes jamás presentaron un reclamo, jamás leí algún señalamiento para la Dirección Nacional por parte de ellos (as).
Ahora vienen a rasgarse sus vestiduras y hacernos creer que con ellos a la cabeza todo será mejor. ¡Negativo! Por amor a Nicaragua no le hagan más daño al país con su protagonismo. Busquen más bien aconsejar a los jóvenes, a las caras nuevas que realmente están tratando de hacer algo bueno por Nicaragua, para que no repitan su historia de comodines.
El suscrito se decepcionó muchísimo de estos dirigentes cuando en un encuentro realizado hace algunos meses me costó un bigote y gran trabajo, obtener la aprobación para conformar una mesa de la propiedad. Razón: habían muchos simpatizantes de la piñata por allí. ¡Simple!
En segundo lugar: existe una presencia muy significativa de la juventud nicaragüense en el movimiento. Es con la juventud que saldrá adelante Nicaragua, porque aquella representa el futuro de nuestro país. Ellos conforman un alto porcentaje del electorado. No quieren heredar a sus hijos un país corrompido, desmoralizado y lleno de podredumbre (políticamente hablando).
Los jóvenes fortalecen los pilares en donde descansa la democracia como fuente de todo poder (pueblo). Me parece oportuno animar públicamente a éstos, para que en nombre de ese sector importante de la población participen en política partidista, o sean activistas políticos con participación en las deliberaciones y decisiones que se tomen dentro de este nuevo grupo: el Movimiento por Nicaragua.
Finalmente, en tercer lugar: el resto de la población activa, que no participa en política y que es una inmensa mayoría (60%), debe organizarse, tal como el Frente les obligó a hacerlo, pero en lugar de ser ojos, nariz y oídos de la revolución, deberán de ser los vigilantes patrióticos que reclamen a sus líderes municipales o nacionales el actuar con honestidad, con ánimo de servir a la comunidad, a la nación y no ser rémoras del erario, por no decir una palabra fuerte.
No debemos permitir que se siga arruinando nuestro país. Gozamos de un suelo rico, fértil y suficiente para darnos el alimento necesario y todavía exportar a nuestros vecinos o por qué no, a los Estados Unidos con el DR-Cafta. Pero con líderes políticos como los actuales, Dios nos libre.
Reitero mi reflexión ciudadana con esta frase final: ojalá que para bien de Nicaragua surja una clase política con mejor estirpe.
El autor es abogado y notario.