Richard Estrada Solórzano
Siempre he creído que el orgullo más grande que puede tener una persona es llevar a su casa ese sueldo dignamente ganado que es como la llave milagrosa que abre todas las puertas y produce las soluciones inmediatas a las necesidades de la familia. Claro está, para mí, a estas alturas de mi vida y con los cambios que ha habido en los valores tanto morales como éticos que en ciertos casos, y diría yo que en muy alto porcentaje de ellos, ya ese “orgullo” no existe pues se ha llegado a convertir en el equivalente de rapiña, y en ciertos casos como los sueldos de los llamados popularmente “ mafia política” llevan al punto de la exacerbación a la mentalidad de cualquier persona pensante.
No tengo nada en contra del límite que pueda o deba de ganar cualquier persona, pues siempre he creído que uno gana de acuerdo a lo que su inteligencia, capacidad o habilidad laboral le permite. Si trabaja para una empresa ganará de acuerdo a su capacidad educacional, etc., pues esa empresa ya tiene establecido el salario que puede pagar dentro de su presupuesto sin mermar sus ganancias y así poder seguir existiendo para poder brindar más trabajos. Si trabaja para su propia persona, él o ella y funda una empresa, esta persona ha decidido “jugársela por sí misma” y probablemente ha puesto sus ahorros y muchísimas horas para encauzar apropiadamente su empresa a una meta exitosa. Esta persona tiene ganancias si le sobra después de pagar sueldos y gastos, etc., y si logra llevar a su casa una ganancia o sueldo será de tanto orgullo pues se lo ha ganado con el esfuerzo tenaz e incansable de su trabajo.
Entonces ahora aparece aquél al que nos referimos en el primer párrafo, el contraste, aquél que obtiene un sueldo basado en una votación en la sala legislativa, que lo reparte como “juez y parte”, pues los dineros de los que dispone no los han trabajado ellos, sino que son dineros del pueblo, de los contribuyentes, de aquellos que pagan impuestos y si no lo hacen hay medidas coercitivas que obligan y/o cierran un negocio hasta que los pague para así poderles pagar su “orgulloso sueldo”. Realmente un gran porcentaje de estos megasalariados no tienen ni la preocupación ni la sabiduría ni el respeto que se merecen para ganarse estos sueldos, y aquí es donde este pueblo se manifestó el 16 de junio: ha dicho y lo demostrará con acciones que hay que ganarse el sueldo orgullosamente.
El político que decide trabajar en el Gobierno tiene que entender que va a trabajar para su pueblo, para el beneficio del pueblo y no para su propio beneficio y los de su partido. Es un trabajo señores en donde hay que desempeñar, no es cuestión de que van a trabajar una fracción del mes y dedicarse el resto del tiempo a andar de turistas o buscando cómo asolar más nuestra economía ya de por sí depredada por ellos mismos. El pueblo ya decidió el 16 de junio, esto se acabó, ya no habrá más elecciones en donde los políticos sean elegidos en forma de plancha, cada cual se tendrá que ganar sus puestos por sus conocimientos y sabiduría, se acabó el nepotismo pues el que se gane su sueldo en el Gobierno podrá verdaderamente y orgullosamente decir que le lleva a su familia un sueldo ganado decentemente y a mucha honra.
Y para finalizar, estamos los que hemos construido nuestra hacienda en el exterior unos en menor y otros en mayor escala. Lástima que no pudo haber sido aquí mismo, en nuestra Patria, en la que pudimos haber invertido en gran proporción pero no lo permitió la falta de seguridad económica y jurídica que como grilletes en los tobillos impedía la inversión en nuestra querida Nicaragua. Mi hacienda fue hecha en el extranjero y con mucho orgullo y por el amor a mi Patria estoy dispuesto a poner mi granito de arena en cualquier forma que sea necesaria y de ser posible dando el ejemplo de poder servirle al nuevo gobierno sin ganar un sueldo y creo que los nuevos trabajadores que se acerquen deben de hacerlo con amor a la Patria y al pueblo y no como lo han hecho los predecesores.
El autor es inversionista retirado.