Violeta Pérez [email protected]
En los últimos tiempos, en medio de las contradicciones políticas que se viven en Nicaragua, es posible alimentar nuestro optimismo con las demostraciones de conciencia democrática de la población nicaragüense.
La marcha antipacto fue el primer paso. En ella se observó a representantes de diversos sectores económicos, políticos y sociales del país, portando pancartas en defensa de sus objetivos particulares, pero a la vez anunciando su descontento contra el pacto libero-sandinista, que mantiene cooptados los poderes Legislativo y Judicial. Es decir, el liberar a Nicaragua de la influencia del pacto se convirtió en el ideal nacional.
Respecto a la marcha, hubo opiniones encontradas que van desde elogios por la magnitud de la misma, hasta personas que opinaron que fue organizada por el Gobierno y que la asistencia estuvo reservada a la clase burguesa de nuestro país. De haber sido así, Nicaragua viviría su mejor momento, contando con la mayor cantidad de personas de clase social alta de la historia.
La marcha tampoco fue el inicio de la campaña política de ningún partido o candidato, ni mucho menos una petición de salida del gobierno en turno.
El gran logro de esa manifestación fue el recordar a los nicaragüenses que existen otras formas de expresarse, y que no se necesita militar en un partido para lograr ser representado, ni necesitamos líderes políticos que nos inviten u obliguen a marchar por determinado objetivo.
Después de ésta, esperamos ver muchas otras expresiones de la población, respecto a temas que nos afectan a todos; cambios constitucionales, tratados de libre comercio, elección interna en los partidos, amnistía a ex funcionarios públicos, etc. Los temas en agenda sobran. Lo importante es que dejemos de ver a la democracia como un objeto de “uso paisajístico sin contacto” y empecemos a exigir y usar sus beneficios.
Al mismo tiempo, es necesario identificar mecanismos para que las manifestaciones no se queden en imágenes y agradecimientos por participación, sino que trasciendan al plano operativo y generen cambios tangibles.
No se puede permitir que la voluntad de unos cuantos se imponga a la decisión de todos. El primer paso está dado, la ciudadanía demostró con su presencia que rechaza a los caudillos, y los efectos de sus alianzas en la conducción del Gobierno. Ahora, queda en el aire el reto de utilizar la conciencia masiva y el apoyo popular para obtener el resultado esperado: estabilidad política, democracia interna en los partidos políticos, elecciones libres, instituciones eficientes y un Gobierno que responda desde todos sus poderes a los intereses de la mayoría.
La autora es Master en Administración y Políticas Públicas.