Marcha

Imara Martínez Durante la marcha civica del pasado 16 de junio todo el país se mantuvo a la expectativa, aún más por las amenazas de días anteriores. Pero ese día quedó evidenciada la participación del relevo histórico generacional de la sociedad; la voluntad de una juventud desafiante y segura por un futuro mejor. Con oportunidades […]

Imara Martínez

Durante la marcha civica del pasado 16 de junio todo el país se mantuvo a la expectativa, aún más por las amenazas de días anteriores. Pero ese día quedó evidenciada la participación del relevo histórico generacional de la sociedad; la voluntad de una juventud desafiante y segura por un futuro mejor. Con oportunidades y desarrollo. También vimos un movimiento emancipador, el movimiento autónomo de mujeres que participa en la red por amor a Nicaragua, sobresaliendo la coherencia del discurso y la capacidad de generar e impulsar acciones innovadoras contra el fenómeno de tres cabezas.

La mujer tiene gran significado como ser social. Y siento orgullo de esas voces femeninas que se dejaron oír con independencia, sus claros y fuertes argumentos, su crítica política y su creatividad en la denuncia filtro con seguridad en la opinión ciudadana.

Otra verdad, y muy lamentable, fue la ausencia de la Coordinadora Civil en la marcha contra el pacto. Es lamentable porque en situaciones de mucha crisis, por ejemplo cuando Alemán expulsó a Dorotea, iniciando una cacería contra las ONG, esta instancia fue decisiva en la defensa de los derechos humanos y sociales. Pareciera ser que la dualidad política de las personas u organizaciones que ahora la integran han diezmado la capacidad crítica y de concertación en alianzas tácticas y estratégicas, perdiendo credibilidad ante la ciudadanía. También fue notoria la ausencia de las universidades públicas y sus representantes o rectores. ¿Será que al igual que la Coordinadora Civil estas universidades que históricamente han estado al lado del pueblo, han perdido autonomía, patriotismo y sentido común?

Contrario a la gran manifestación de voluntad popular, jueces y funcionarios del Poder Judicial abandonan su misión de impartir justicia para irse a las calles demostrando una vez más sus implicancias y parcialidad, su subordinación clara a la voluntad de los caudillos, evidenciando una vez más el grado de deterioro moral y ético de este poder del Estado.

Confiemos que la idoneidad del desarraigo ciudadano del 16 de junio se base realmente en el bien común, manifestándose con más intensidad, cuidando de no ser provecho del oportunismo político o intereses particulares. Pues todos mienten: diputados, políticos, jueces, ministros, magistrados etc., etc.

El cambio está en nuestras manos y la época requiere de un desarrollo más holístico de la gente, de nuevas formas de organización y de un nuevo liderazgo, porque el que hemos probado por décadas ha caducado, y en su afán por perpetuarse lesiona profundamente como el cisticerco el cerebro de la nación; nuestra institucionalidad.

Foro Democrático -INPRHU.

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