John Álvaro Zapata Sierra
No soy nicaragüense, pero sí un asiduo lector de los periódicos en el mundo. Nicaragua, aparte de tener un índice de pobreza y analfabetismo alto, también lo tiene de delincuencia. Decir que para qué sembrar arbolitos que después nadie va a cuidar, equivale a interpretar, que los árboles se mandan a sembrar por una orden dada, no porque haya una verdadera cultura ecológica. Ya la educación partiendo desde ese punto de vista va mal.
Una de las verdaderas campañas que puede realizar una comunidad es precisamente la ecológica: aparte de tener a sus integrantes ocupados, también les crea a éstos conciencia, de padres, de hijos, de comunidad.
Decir que basta con mirar alrededor de cada comunidad, para tener allí el material, para trabajar, es aceptar la ausencia de Estado. Para empezar he leído que la falta de vías de acceso, acueducto y alcantarillado brillan por su ausencia, en ciudades como Managua, amén del resto del país, y ni qué decir de las escuelas y sus dotaciones.
Puede resultar convincente su propuesta de no sembrar arbolitos, “mientras” se erradica el “analfabetismo”, pero también se pierde un tiempo valiosísimo. Un árbol no crece de un día para otro y mucho menos se convertirá en un oasis en un mes. Se necesitan líderes comunales, pero no para emprender huelgas en contra del gobierno de turno, tampoco para lanzar arengas que lo único que hacen es polarizar aún más la sociedad en contra de ella misma y en favor de unos pocos.
Alfabetización y arborización deben ir unidos. ¿Qué es una población alfabeta sin una sombra que la cobije? Los altos índices de delincuencia, analfabetismo y hambre son el reflejo de sus dirigentes.